domingo, 31 de octubre de 2010

La muerte no tiene la última palabra

Nos acercamos a las celebraciones emblemáticas, propias de noviembre, el uno que litúrgicamente se conmemora la solemnidad de Todos los Santos y el dos que es la de los Fieles Difuntos.
Estas fechas nos permiten comprender lo que significa, realmente, para un discípulo misionero de Jesucristo la muerte y la santidad. Pero no sólo desde el aspecto espiritual, sino de la perspectiva de la antropología filosófica, del verdadero entendimiento de ese cambio metafísico que es la muerte.
La sabiduría plasmada en el Ciclo Litúrgico, ha colocado primero la Solemnidad de Todos los Santos y al día siguiente la de los Fieles Difuntos. El Misal Romano en su rúbrica de Todos los Santos señala, “… Nos representa visualmente a toda la multitud de los redimidos, para descubrimos el destino que nos espera también a nosotros, peregrinos… Todos ellos, que viven frente a Dios, son nuestros intercesores que dan impulso a nuestras vidas”.
Justo ese es el punto medular, somos peregrinos que buscamos la vida en plenitud que es la vida eterna. Nuestros santos particulares, el papá, la mamá, el tío, la tía, la abuelita, el abuelito, el primo, que ya han partido, se convirtieron en columna de nuestra vida. Ellos nos mostraron con su ejemplo, con su testimonio con sus consejos la forma en la cual alcanzamos la santidad para así, encontrarnos con Cristo. Son nuestros santos particulares, que aunque no están reconocidos en el martirologio, nos motivaron a dar e ir a más y así tener conciencia del proyecto de Jesús en nuestras vidas.
Aquí se pone de manifiesto lo que el filósofo italiano, Michele Federico Sciacca, señalaba, la implicación metafísica existente entre la vida – muerte, que conlleva una dialéctica de sentido no unívoco; para que exista la muerte es necesario que exista la vida del existente en el mundo; sin embargo, no es unívocamente necesaria la relación inversa.
Ello quiere decir, que para que exista la muerte requiere la vida. Pero en el sentido trascendente, la muerte sólo es el inicio de la vida. Nuevamente la Filosofía Cristiana y la Teología rompen con los paradigmas humanos.
El ejemplo lo tenemos en Jesucristo, cuyo centro y zenit de su vida y obra, no es la cruz, es la resurrección, porque Él nos prometió la vida y la vida en abundancia, la vida que no se corrompe. La cruz es sólo el inicio de una vida nueva, sin esa cruz, no habría resurrección.
Aunque se trate de no pensar, olvidar o negar la muerte con sofismas como el de Epicuro, que en su carta a Meneceo 125, diría, “la muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo”. Hoy se rechaza la muerte y se disfraza de enfermedad; se pretende alejar al moribundo de la idea de su propia muerte; se muere sin darse cuenta, y ya no se tolera que se haga ver al enfermo la proximidad de la muerte.
La muerte se manifiesta como dimensión fundamental de la existencia humana, en la experiencia de la muerte de la persona amada. En ella, el hombre se da cuenta de un modo existencial cuál es la naturaleza de la muerte y de lo que significa ser mortal.
Es cierto que tenemos una cita ineludible con la muerte, es parte del ciclo natural de los seres vivos, pero lo que determina todo, es la visión que nos brinda Jesús sobre ella. El Prefacio de Difuntos I, nos da la clave, “… por Cristo nuestro Señor. En el cual resplandece la esperanza de nuestra feliz resurrección; y así, aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Pues, para quienes creemos en ti, Señor, la vida se transforma, no se acaba; y disuelta nuestra morada terrenal, se nos prepara una mansión eterna en el cielo”.
Qué hermosa promesa que hace Jesucristo, de la futura inmortalidad, por eso nos dice, “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 16, 6), misma frase que une estas dos fiestas. El seguimiento de Jesús implica justo ello, el comprender que la vida sólo se trasforma, que a pesar del cambio metafísico, nuestra alma permanece y busca regresar a su Creador.
Nuestro peregrinar, nos llevará a buen término, al encuentro con el Señor, por ello es que la muerte no tiene la última palabra.

sábado, 30 de octubre de 2010

"I'll see you again, on this side or the other”


Ben Affleck nos obsequia una gran película, dirigida y escrita por él, The town. La trama se desenvuelve en Boston y versa de la historia de suspenso y romance de una banda de amigos cuya principal actividad era el robo. En un atraco, Doug se enamora de la gerente del banco, Rebecca, relación que pondrá en tensión la amistad con James, mejor amigo de Doug.
A ello se suma, un insistente agente del FBI Frawley, que no dejará de luchar para poner tras las rejas a los responsables de los diversos robos en Boston.
Con las actuaciones de Ben Affleck, Jon Hamm, Rebecca Hall y Jeremy Renner.

viernes, 29 de octubre de 2010

Move on!

¿Cuántas veces nos encontramos enfrascados en una situación y no le vemos el fin? ¿Te sientes atrapado en un torbellino en dónde da vueltas una y otra vez? ¿Te preguntas el porqué y no encuentras respuesta? ¿Estás cansado de las mismas situaciones?
Si has contestado sí a varias de las preguntas, necesitas como dicen los americanos, “move on” (sigue adelante). Las situaciones ya las sobrepasaste, es decir, los zapatos ya te quedan chicos y necesitas nuevos retos, nuevas experiencias y nuevas aventuras. Mares inexplorados, horizontes lejanos en donde encontrarás otro aspecto de la felicidad.
Move on, si te encuentras enfrascado en torbellinos de circunstancias, “amistades” infecundas, relaciones sinuosas o ásperas, rutinas, en fin. No conserves aquello o a quienes no valen la pena, las malas amistades son como las sombras, se van cuando desaparece el Sol. Las buenas no necesitas ni llamarlas, están ahí para ti, cuando tú necesitas su apoyo, ni siquiera requieren de ser convocadas, se anticipan. Son las que te invitan una torta y no un trago. ¿Cuándo fue la última vez que invitaste a un amigo un taco?
Move on, cuando comienzas a preguntar el porqué de ciertas situaciones, donde ya no encuentras ni el sentido del porqué haces las cosas, del porqué te gustaba convivir con esas personas que no valen la pena.
En esta vida, se trata de caminar, de avanzar y de madurar, es tiempo de tirar los lastres que impiden justo esto, eso incluye personas indeseables, perjudiciales, ególatras. Pero también, el pasado, responsable de infinidad de esclavitudes.
¡Atrévete! Move on!

¡Vamos bien!

Un recinto de honor

Es muy difícil encontrar una persona que haya visitado el Palacio Legislativo de San Lázaro y no sienta orgullo y admiración, independientemente de los miembros integrantes de la Cámara de Diputados o de los Partidos Políticos en los que militen. El hecho de pisar una de las sedes del Poder Legislativo, el contemplar el Salón de Sesiones cuyo fondo descansan dos banderas de México y el Muro de Honor donde se encuentran escritas con letras de oro, mexicanos distinguidos.
La actual casa de los Diputados Federales, surgió como consecuencia de la Reforma Política de 1977, debido a la necesidad de albergar a 400 Diputados. El proyecto fue impulsado por el entonces Presidente, José López Portillo y comenzó su construcción en septiembre de 1979 de acuerdo a los planos del Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez.
El Palacio de San Lázaro fue inaugurado el uno de septiembre de 1981, aprovechando la Sesión de Apertura de la LI Legislatura del Congreso de la Unión, bajo la Presidencia del Diputado Luis M. Farías; en el marco del V Informe de Gobierno del Lic. José López Portillo.
Caminar por sus pasillos permite comprender la trascendencia de tal edificio, pues se ha convertido en un recinto de honor.

miércoles, 27 de octubre de 2010

¿Cómo integrar mi yo?

Ya hemos visto en entregas anteriores lo importante de interiorizar nuestra alma, realizar preguntas para taladrar lo más profundo de nuestro ser. Pero ahora, viene un aspecto muy importante, ¿cómo integrar mi yo? ¿Cómo aprender a ser persona?
Ya hemos dado muchos pasos en este camino que buscamos recorrer, el de poseernos verdaderamente o de reapropiarnos de nuestro ser, el ser los protagonistas en nuestra historia personal. El siguiente paso, es integrar los polos que hemos descubierto, sanar, reparar y confrontar esos aspectos trabajados, para conciliar el pasado con el presente y así prospectar el futuro.
Muy bien, nos encontramos con una serie de estaciones en nuestro camino, estaciones que debemos recorrer necesariamente, es un proceso cuyo resultado será nuestra integración.
1° Estación, reconocer y asumir la raíz generadora de dolor. Muchas veces, fuimos víctimas de terceros y creemos incorrectamente nuestra responsabilidad. En otras fuimos agente de dolor, porque pudimos haber ofendido y peor aún a quien amamos. Así el siguiente paso será más sencillo, lo que no es asumido, no es redimido.
2° Estación, reconciliación. Es un paso fundamental porque necesitamos sentir y experimentar el perdón, pero primero debemos hacerlo nosotros, es decir, primero debemos perdonarnos para perdonar y pedir perdón.
3° Estación, la transformación del dolor. El paso natural una vez experimentado el dolor es transformarlo en oportunidad de crecimiento y madurez. Ello porque conoce aquello que le puede limitar o paralizar, lo que permite enfrentarlo.
Una vez realizado este proceso, la integración de la persona para poder realizar sus metas, se convierte en una realidad. Y aquello que era motivo de parálisis, inmovilidad, miedo o dolor, se transforma en una fuerza transformadora y sanadora, perfectamente dominada porque se conoce. La persona aprende a vivir en libertad sin ser su propia esclava o de otros.

martes, 26 de octubre de 2010

En busca de la paz interior (III)

En estos días, parece ser lo más complicado poder encontrar la paz interior, hemos dado ya algunos recursos para poder alcanzarla. En esta entrega, continuamos con esa labor, reflexionar sobre lo importante de alcanzar la anhelada paz interior.

Un aspecto fundamental que debemos comprender es, somos seres sociales, vivimos, nos movemos dentro de un mundo. Un mundo salvaje en ocasiones, un mundo voraz, pero también, un mundo de retos y oportunidades.
Cuando somos conscientes de nuestro papel en el mundo, nos damos cuenta de la tarea a desarrollar y en virtud de ello, maduramos. El reto es aprender a actuar del mundo, pero también a mantener una distancia de él. El asumir ello, nos invita a reflexionar el hecho de estar atento a las necesidades del mundo, de nuestros semejantes en la mediad de nuestras posibilidades y aceptar, por otro lado, que hay situaciones en las cuales no podemos intervenir.
Hace unos días, impartí una conferencia y justo me preguntaban qué hacer para alcanzar la paz interior. Yo contesté con un principio, lo puedo resolver en este instante, ocúpate y no preocúpate, sino lo puedo cambiar, paciencia y vida interior. Los místicos decían “ora et labora” (ora y trabaja). Esa expresión resume bien este principio objeto de nuestra búsqueda, en el mundo hay situaciones fuera de nuestro alcance, pero en las cuales tenemos injerencia debemos luchar hasta alcanzar nuestros objetivos.
Fruto del comprender esto, es la serenidad. Serenidad para afrontar los retos de la vida, para poder tomar decisiones sobre la forma en la cual responderemos a los estímulos del mundo y forjar nuestras opiniones y criterios. Serenidad para aprender a vivir en libertad y con la responsabilidad correlativa.
Si asumimos nuestra libertad, aprenderemos a valorar con criterios trascendentes y no con los del mundo, en los cuales nos convertimos en esclavos de las decisiones de otros sobre nosotros y así nunca encontraremos la felicidad.
Sí es una realidad, vivimos en el mundo, pero atentos con ser tan del mundo. Es fundamental conformar el mundo, para aprender a vivir en él.

domingo, 24 de octubre de 2010

Yo estoy con ustedes…

En esta ocasión, meditaremos el Evangelio del Dormund, del “Domingo mundial de las Misiones” (Mt 28, 16 – 20)
“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: ‘Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo´”.
El seguimiento de Cristo es una alegría, porque se experimenta el gozo del sentirse escogido, tocado por ese Jesús, contemplando sus ojos llenos de amor. Y como a Pedro que le pregunta, ¿me amas más que estos?
Más que estos, pregunta que taladra el alma, trastoca lo más profundo de nuestro ser, nos motiva, nos reta, nos faculta. Ese es un misterio, el porqué llama a algunos para que compartan y se unan en su vida a Jesús, a tomar parte de la cruz y avanzar con Cristo, como buenos cirineos, facilitando las espaldas.
Ese llamado, conlleva la vocación de ser misioneros, no sólo por el hecho que algunos es su misión principal, sino por el hecho de ser bautizados. Es una labor de irradiar el amor que Cristo nos tiene, que hemos experimentado y que deseamos compartir.
Pero lo más importante, es la seguridad que nos ha dado, el hecho de saber que está todos los días hasta el fin del mundo, con esa convicción es por la cual en este Domingo Mundial de las Misiones, renovamos nuestro compromiso misionero sustentado en la presencia de Cristo que camina con nosotros.
“Pero algunos vacilaban”, esas palabras resuenan en lo más profundo del corazón de muchos jóvenes que han escuchado el llamado del Señor. Qué impresión el comprender la profundidad del llamado de Cristo a su seguimiento radical, a un compromiso de vida.

sábado, 23 de octubre de 2010

Conferencia en la Rectoría de San José

¡Venga Tu Reino!

Adolfo Ruiz Guzmán
23 de octubre de 2010
Rectoría San José
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El Misterio como centro de la vocación cristiana

Introducción


Quisiera comenzar con una oración muy antigua del siglo IX, atribuida a un teólogo y filósofo alemán, Rabanus Maurus.

Veni Creator
 
Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.
Tú eres nuestro consuelo,
don de Dios altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tú el dedo de la mano de Dios,
Tú el prometido del Padre,
pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos,
infunde tu amor en nuestros corazones
y con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto tu paz,
siendo Tú mismo nuestro guía
evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre
y también al Hijo y que en Ti,
que eres el Espíritu de ambos,
creamos en todo tiempo.
Gloria a Dios Padre
y al Hijo que resucitó de entre los muertos,
y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.
Amén.
Muy buenas noches, les agradezco la invitación para reunirnos en esta Rectoría de San José y en especial a su rector, al P. Roberto Montoro, para este pequeño compartir que vamos a sostener y lo hemos llamado, “el Misterio como centro de la vocación cristiana”.

En esta oportunidad de este pequeño compartir, buscaremos esas claves del Misterio de la vocación cristiana, donde precisamente, comprendamos que el hecho de ser católico implica un llamado, mismo que está destinado a crecer, a madurar y a dar frutos por ser protagonistas dentro del proyecto de Jesús en nuestras vidas. Cada uno, de acuerdo a la vocación a la que Dios le invita, a la vida sacerdotal, religiosa, consagrada, matrimonio, soltería, en fin. Recordemos que la vocación es: “el diálogo entre el Señor que llama y el discípulo que responde” (Mons. Ricardo Ezzati, SBD)

El punto de partida es “la totalidad de la vida está comprendida y significada en los misterios de Cristo” (Cencini). Pero se da, dentro de la fragilidad de la condición humana. Permitiendo demostrar la grandeza de Dios que actúa utilizando nuestra miseria.

Quisiera proponer el esquema que vamos a seguir para adentrarnos en el Misterio. Como primer punto, vamos a realizar un pequeño análisis de la realidad actual frente al Misterio. Como segundo punto, aceptar que la vida es Misterio. El tercer punto será la forma en la cual debemos conocer nuestra intimidad (taladro del alma) y por último, nuestra historia como cuna del Misterio.

1. La realidad actual frente al Misterio


En este espacio, conviene comprender por qué hoy la propuesta del proyecto de Jesús se ha tornado en muy demandante para los post modernos del siglo XXI. Cada vez es más complicado encontrar personas dispuestas a vivir de cara a Dios conforme a ese proyecto llamado vocación.

Encontramos jóvenes que buscan la puerta fácil de ir a vivir juntos por si acaso, no vaya a ser que le huelan los pies, para ver si sabe cocinar, para ver si nos entendemos. Pero si no, pues total cada quien para su casa y tan tranquilo. Regreso la mercancía, medio magullada, pero el almacén la acepta. También matrimonios donde la primera de cambio, ya quiero la nulidad, mira nada más con quien me case, etc. Y todos los “amigos” aconsejan lo más fácil, déjala, abandónala, te lo dije pero no estabas viendo en fin. ¿Y lo que prometieron el día del matrimonio donde se cerraba la unión con la frase “lo que Dios ha unido que no lo separa el hombre”? O la otra frase “en lo próspero y en lo adverso… todos los días de mi vida”.

Sólo queremos lo próspero, lo cómodo, sin lucha, sin constancia, sin descubrir el Misterio de los esposos, del otro. Pero lo adverso, la dificultad, eso no nos gusta, pero déjenme decirles que es el mejor lugar para probar el amor entre los esposos. Matrimonios se han arruinado por una crisis económica, por una enfermedad, por equis causas tan simples.

Jóvenes que no están dispuestos a comprender el llamado de Dios a un seguimiento radical. Hace unos años, acompañé a Mons. Jonás Guerrero a una visita a unas hermanitas, a unas religiosas y estaban cuatro chicas de visita en el convento, estaban encantadas con la vida religiosa. Durante el almuerzo que nos ofrecieron, le preguntaron a la Hermana Superiora sobre los votos y lo propio de la vida religiosa, la cuestión versaba si sólo profesaban por cuántos meses.

Esa es la realidad en actual, caracterizada por la falta de compromiso y de un ideal de trascendencia. ¿A dónde vamos? Hay una crisis de identidad porque las personas no se conocen, ocasionando una lucha interna por asumir su vocación en la vida. El sinsentido es producto de un severo conflicto espiritual. ¿Qué caracteriza nuestros días?

La primera es la comodidad en la que se encuentran muchas personas, llámese adolescentes y adolescentes tardíos, donde la máxima es si no está roto, para qué romperlo. Se experimenta un nivel de confort, donde para qué hacer cambios, para qué comprometerme, así como estoy, estoy bien. La cultura del menor esfuerzo.

Segundo aspecto, a todos nos gusta ser el centro de atracción, desempeñar los más altos puestos, ser el líder, pero se confronta con el hecho que me agrada vivir lo mejor posible en este momento, sin sembrar para el futuro.

Todo lo anterior, resulta en la interrogante que abunda, ¿quién soy? Originando toda una serie de dificultades pues se encuentra paralizado para tomar una decisión. Por tanto, no puede encontrar su vocación, no puede entablar relaciones emocionales duraderas, maduras. Es una parálisis total, fruto del miedo. Lo peor del asunto es que en el fondo de su corazón sabe qué hacer, su mente le dice que puede pero la voluntad está atrofiada para luchar por lo que quiere. Es personaje y no persona.

¿Qué perspectiva puede tener el Misterio del proyecto de Jesús para personas paralizadas? El sacerdocio por más sentido que tenga, por miedo o por tratar de quedar bien con otros, no es opción. No enfrenta la posibilidad que sea su felicidad verdadera. En el matrimonio no puede entablar una relación madura, pues estará basada en sentimientos y emociones, pero no se podrá hablar de amor. Lo mismo para la vida consagrada o religiosa, el hecho de realizar una profesión perpetua, aterroriza.

2. La vida es un misterio


El Misterio es vida, pero también la vida es Misterio. Aquí quiero hacer hincapié sobre lo que es Misterio. No es el por qué hay engaños, por qué hay fraudes o por qué una persona reacciona de determinada manera. Misterio es que yo veo algo, percibo algo pero hay mucho más que se esconde, es como cuando vemos la Eucaristía, a simple vista es un pedazo de pan, pero a los ojos de la fe es Cristo mismo, vemos un pan, pero alguien más se esconde. Por qué vemos a nuestros sacerdotes, religiosos y consagrados fieles a su vocación, por el Misterio. Por qué vemos a matrimonios felices de 25, 50 años, pues justo por eso, el Misterio.

La vida por tanto es Misterio (P. Cencini), la auténtica libertad a la que estamos llamados para asumir nuestra vocación viene justo de ello, de aceptar ese sencillo principio. Y cuando nos enfrentamos a ello, se generan dudas, pues es propio de la condición humana, el dudar de Dios y de su proyecto.

3. La forma en la cual debemos conocer nuestra intimidad


En estos casos qué hacer, lo primero es reconocer, se necesita de ayuda para encontrar el camino para avanzar sobre el Misterio de nuestra propia vida, esto quiere decir, aprender a vivir con sencillez y docilidad a lo que estoy experimentando, es asumir la realidad presente en la que estoy y comenzar desde ahí. Si aprendo esto, encuentro la verdadera humildad de reconocer que no lo puedo todo sólo y necesito guía para escuchar mi voz interior y el llamado para seguir mi vocación en esta vida.

Si vamos por ese camino, comprenderemos que la duda no es mala si tiene buen cause. La duda permite emerger las ficciones y verdades parciales de nuestra vida para de esa manera, encontrar la verdad.

Es curioso pero mientras más dudas tengamos sobre ciertas decisiones que debemos tomar, será la mejor opción elegida, ello porque nos exige mayor análisis y confrontación de la propia decisión. Por otro lado, cuando no hay dudas, es signo inequívoco de problemas. Hay un dicho popular, lo que bien vale la pena, cuesta mucho trabajo. La vida del hombre será por tanto una constante lucha, dice el libro de Job. El temple del hombre se prueba en las más duras y arduas dificultades.

Si la vida es Misterio, también el Misterio es vida como comentaba, nos invita a entrar el diálogo con la parte más íntima de nuestro ser, porque encontraremos a lo largo de nuestra vida en todas sus etapas van apareciendo diversos signos que nos han marcado, nos han indicado el camino y muchas veces, han denotado cierta insatisfacción o frustración. Pero eso nos hizo y nos configuró, esa es nuestra historia personal.

4. Nuestra historia, cuna del Misterio


Si analizamos esa historia, nos daremos cuenta que ese Misterio ha estado presente, en muchas ocasiones más visible y palpable que en otras, pero ahí de la reconciliación y aceptación de ello es que encontramos la ecuanimidad o la tensión. La apertura del hombre será determinante para apreciar los trascendentales del ser, es decir, lo verdadero, lo bueno, bello; pero también a la realidad de nuestros límites temporales y espaciales.

Nuestro desarrollo como personas, es único, porque es personal, hace que nos llenemos de la pregunta, del cómo, por ejemplo, del cómo he llegado hasta aquí, cómo caí tan bajo, cómo le hago, en fin. Pero lo más importante, es la comprensión del Misterio, mismo que está dentro de nosotros, San Agustín decía, “noli foras ire, in teipsum reddi; in interiore homine habitat veritas” (no vayas fuera, entra en ti mismo, en el hombre habita la verdad). En esa historia es donde se localiza quiénes somos.

El secreto es poder penetrar dentro de nuestra alma, sumergirnos, adentrarnos; pero debemos concientizarnos de lo mucho a escarbar y sanear. Por tanto, ahí descubriremos la pregunta que espera poder salir a la luz. Esa pregunta que debemos hacernos para ser felices, ¿cuál es la vocación a la que me invita Dios? ¿Cuál es su proyecto? ¿Estoy preparado para ser feliz?

El principal problema a resolver es cómo superar la incapacidad para descifrar el Misterio envuelto en pregunta. Ya se ha dado un primer paso, reconocer el problema imperante, el sentirse atrapado por la propia vida, derivado de la incapacidad para descifrar el Misterio.

Ahora, una vez aceptado, porque recordemos, lo que es aceptado es redimido, podemos encontrar la fuerza para ponernos en movimiento a la dirección precisa, buscada y anhelada. Pero ese impulso, debe ser propio, no ajeno, de otra manera corremos el peligro de someternos a los deseos o a la inercia de otros, por el deseo de pertenencia; y aún en ese caso, dentro de nosotros seguirá esa voz clamando nuestra libertad.

Como hemos visto, tomar una decisión es muy complejo, pero una vez hecha, debemos seguirla, ser fieles aún con el costo que implica, porque por cada decisión, también hay una renuncia.

Esa pregunta anidada en nuestra alma, en lo más íntimo, quiere decirnos algo, y debemos estar atentos a lo expresado, señalado o reclamado. Si preguntamos algo, es porque estamos buscando algo más duradero.

Por tanto, es fundamental educar el corazón, concientizarlo de la necesidad de cuestionarse y buscar la dirección para nuestra vida, pero debe hacerse con responsabilidad y lo más importante, con libertad.

El reto, aprender a profundizar y elevar las preguntas que deseamos hacernos, porque encontraremos respuestas a mucho más largo plazo y superaremos los problemas de las proyecciones erróneas. ¿Qué quiero hacer y qué estoy dispuesto a hacer para alcanzar mis metas? En ocasiones, debemos vencer dos miedos a ser felices y a vivir en libertad, lo que permitirá por tanto, emerger aspiraciones más nobles y altas; horizontes más lejanos y humanos, que integre todo lo que soy, el pasado, presente y futuro; el origen y destino, mis raíces y mi vocación. Dice San Agustín, “inquietum est cor nostrum, donec requiescant in te” (nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti).

Cuando nos acerquemos a poder plantear las preguntas, estemos muy atentos para que preguntemos realmente qué es lo que se quiere. Esto quiere decir, preguntar lo esencial, lo que en verdad nos va a llevar a nuestra felicidad

Me gustaría proponer unos textos evangélicos, que vienen muy apropiadamente para poder terminar con este compartir. El primero lo encontramos en Mt 8, 18 – 22, y nos dice del seguimiento de Jesús, “… Maestro, te seguiré adondequiera que vayas”. El otro texto es Mt 19, 16 – 22, “el joven rico” y Jn 4, 1 – 30, Jesús y la Samaritana. Estos textos nos van a permitir seguir comprendiendo lo que significa el Misterio.
 

viernes, 22 de octubre de 2010

El misterio como centro de la vocación cristiana

Un adelanto de mi compartir de mañana:


En esta oportunidad de este pequeño compartir, buscaremos esas claves del misterio de la vocación cristiana, donde precisamente, comprendamos que el hecho de ser católico implica un llamado, mismo que está destinado a crecer, a madurar y a dar frutos por ser protagonistas dentro del proyecto de Jesús en nuestras vidas. Cada uno, de acuerdo a la vocación a la que Dios le invita, a la vida sacerdotal, religiosa, consagrada, matrimonio, soltería, en fin. Recordemos que la vocación es: “el diálogo entre el Señor que llama y el discípulo que responde” (Mons. Ricardo Ezzati, SBD)

El punto de partida es “la totalidad de la vida está comprendida y significada en los misterios de Cristo” (Cencini). Pero se da, dentro de la fragilidad de la condición humana. Permitiendo demostrar la grandeza de Dios que actúa utilizando nuestra miseria.