jueves, 16 de septiembre de 2010

En busca de la paz interior (II)

En una publicación anterior, mencionaba la importancia de buscar la paz interior, comentaba que debe ser como señalaba San Benito, un “ars spiritualis”, porque es un ejercicio constante de nuestra voluntad. En ese sentido es el camino para educar la voluntad, ejercitarla con elementos que la inteligencia me presenta como verdaderos y nobles.


Otra forma de llamar a la paz interior, es la ecuanimidad, que es estar en sintonía, es lo que coloquialmente se conoce como “estar ubicados”. Entonces UBICATE, en el momento en que estás, por la situación por la que estás atravesando, por lo que estás sintiendo y experimentando, pero también de cómo y cuál es la reacción con la que quieres responder.
La paz interior es romper la Tercera Ley de Newton que señala, a toda acción hay una reacción de la misma magnitud pero en diferente sentido. Es decir, debo aprovechar los estímulos exteriores para convertirlos en fuerza vital que me ayude a crecer, madurar, si recibo agresión no debo contestar con esa misma actitud. Puedo confrontar el deseo de venganza, de reparación y transformarlo para vislumbrar que la rabia contenida en otra persona no tiene influencia en mí.
Disfruto cuando hago ejercicio en un bosque cercano, el poder correr en la pista de arcilla que hay ahí. Es un circuito que tiene una subida que dependiendo del lado en que se recorra es más o menos pesada, en especial si vas trotando. Cuando inicio mi rutina, doy la vuelta caminado a un paso que me permita calentar, sin perder el ritmo de la respiración y eso te permite ubicarte en lo que estás, como señalaba arriba, voy integrando el medio ambiente y también me hago parte de él. Cuando culmino esa vuelta y regreso al punto cero, troto, para completar otra ronda.
Nuestra vida es así, caminamos, trotamos, corremos, pero no nos detenemos, también en ocasiones, llegamos a ese punto cero y nos damos cuenta que estamos como al principio. Pero eso no es así, por más conocido que sea la ruta, nunca será la misma. Heráclito señalaba que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río. Aún con que parece similar no es el mismo. Inclusive los errores jamás podrán ser los mismos.
También, un factor fundamental para la carrera de nuestra vida es el ritmo. Por eso concluimos que es indispensable apoderarme de mi tiempo y con ello de la cadencia que le brinde.
Soy libre del paso que tome cuando estoy trotando, puedo apretar o aflojar, otros corredores me podrán pasar de largo, yo rebasaré a otros, pero yo llevo mi ritmo. La vida se torna en una carrera contra el tiempo, lo que hace que perdamos el señorío de nuestra propia vida. En la época monacal, una de las grandes prácticas era el aprender a convivir con el tiempo, eso significaba estar presentes, aquí y ahora. El hacerlo, implicará el ser feliz, porque estoy en lo que tengo que hacer ahora.
Cuentan la anécdota de un gran santo, que era un religioso. En un ejercicio, preguntan qué harían si supieran si se iba a acabar el mundo en este momento. Las respuestas fueron tan variadas como personas cuestionaban, su concordancia eran desesperadas, tristes, desoladoras. Cuando es el turno de este hombre dijo que nada, que seguiría realizando lo que le correspondiera en ese momento, pues sabía que estaba en lo que tenía que estar.
Ser responsable de mi tiempo me da la libertad para hacer cualquier actividad que tenga que realizar en ese momento, para trabajar, estudiar, aprender, deporte, jugar, divertirme, en fin; porque lo haré en conciencia que no hay otra cosa que deba estar realizando, estoy aquí y ahora.
Si aprendo este arte del tiempo, encontraré un espacio privilegiado para estar conmigo mismo, en donde me procuro, me atiendo, me escucho, dialogo y al final me encuentro.
Anselm Grün, tiene una frase que explica ello: “todo a la vez, todo enseguida y en cualquier momento”. El presente es un instante, pero ese segundo efímero es todo, hay una infinidad de cosas que suceden, que se concatenan. Un segundo es la diferencia, de ello, les puede dar cuenta los corredores de 100 metros planos, lo que significa bajar un segundo a su tiempo de trayecto.
La paz interior surge cuando asumimos ese señorío y dominio de nuestro tiempo.

Y el cielo guardó silencio…

Un pequeño compartir sobre la vida de Anna María Kaikilía Sofía Kalogeropoúlou, mejor conocida como Maria Callas.


Madame Callas, una de las más grandes sopranos de la historia, conquistó a los públicos más exigentes, logrando que se rindieran a sus pies; alcanzando de las más altas tesituras vocales para soprano que se tengan registradas, estremeciendo a todo aquél que la escuchara.
La vida de Maria Callas fue digna de una trama operística, wagneriana, todo un drama desde su nacimiento, su instrucción por parte de Madame de Hidalgo, sus vivencias en la Segunda Guerra, su vida amorosa y el ocaso de su carrera, siendo su último concierto el 11 de noviembre de 1977 en Sapporo, Japón; ese día quedaría marcado como la última vez que Madame Callas, la Divina, pisara un escenario.
Sus grandes interpretaciones incluyen, Norma, La Traviata, Tosca, Lucia di Lammermoor, Aida, Medea, Turandot, La Sonámbula entre otras.
El 16 de septiembre de 1977, en su departamento de la Avenue George Mandel número 36 (muy cerca del Arco del Triunfo), en París, la gran diva veía por última vez la luz poco después de tomar el desayuno y fue así que el cielo guardó silencio.

¡Gracias!

Como ya es una tradición, las Fuerzas Armadas de nuestro país desfilaron por el Primer Cuadro, las principales avenidas y el cielo de la Ciudad de México, con motivo del Bicentenario de la Independencia. Lo hicieron con la gala y gallardía características de nuestro ejército. En esta ocasión se contó con la presencia de delegaciones militares de países amigos, destacando la participación de China y Rusia por su marcialidad.
Es un gran gusto poder estar en contacto con nuestro Ejército, Armada y Fuerza Aérea, pues son garantes de nuestra soberanía y son los primeros que acuden en situaciones de desastre, de peligro, de alerta de acuerdo con su característica principal, es un ejército de paz.
Todos los mexicanos estamos agradecidos con su labor, con su testimonio de entrega y con su compromiso de fidelidad al pueblo de México. México se siente seguro por contar con sus Fuerzas Armadas, que también aseguran las Instituciones de la Nación.
No existiría un homenaje suficiente para agradecer su labor, parte fundamental de la historia se escribió con la sangre de los héroes que fue derramada en las diversas batallas y guerras, pero más profundamente, con el honor y lealtad de sus miembros.
Es imposible comprender el México de hoy sin sus Fuerzas Armadas, es por ello, que en el marco del Bicentenario, en honor a la justicia hay que dales las gracias.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

México merece ir a más

México celebra 200 años de ser independiente, hay muchas cosas que hay que festejar, la búsqueda de un nuevo sistema de gobierno, pero también, la toma de conciencia de un nuevo pueblo que pugnaba por su derecho a determinarse, pero también luchaba por la igualdad de todos los seres humanos sin importar su linaje o procedencia.

Nuestro país ha tardado muchos años para formarse y conformarse. Hechos significativos marcaron el destino y rumbo de la Nación. Hombres y mujeres ilustres, grandes pensadores e ideólogos han encabezado gestas y movimientos sociales y políticos, en una frase, hombres de Estado.
Esos hombres destacados, defendieron grandes ideales, quisieron trascender pero no para sí, sino por un proyecto de Nación, un concepto más alto u noble que cualquier hombre.
También es un festejo por los antepasados que dieron pauta al México moderno, de diversas costumbres, tradiciones que se fusionaron con elementos virreinales que fraguaron los postulados insurgentes.
Una vez que surgió la nueva Nación, fueron madurando las corrientes políticas, nuevos movimientos, entre liberales y conservadores, nuevas leyes, creación y modificación de Constituciones.
En pocas palabras, 200 años de historia que hoy, algunos sectores quieren opacar por su incompetencia, frivolidad y cinismo. Esta generación de políticos ha dejado mucho que desear, se desperdició una gran oportunidad para hacer un autoanálisis y autocrítica sobre el destino al que México está llamado. Hoy más que nunca tiene sed de grandeza.
México se merece más, necesita el trabajo arduo de todos y cada uno, pero no por demagogia, basta con hacer lo que a cada quien le corresponde.
México se merece más para que ocupe el lugar privilegiado que le corresponde. Sólo así, México podrá decir, ¡viva México!

Pero si nunca estuvo

He de confesar que soy admirador del “gran mimo de México”, de Mario Moreno Cantinflas. Soy su incondicional por muchos aspectos, pero creo que por el que más, es por su capacidad de enredar y desenredar las cosas con el lenguaje. Haciendo gala de ello, en Su Excelencia, cuando presenta al personal que trabaja en la embajada al Presidente de Pepeslavia, hace lo propio con el general León Balarrasa.

Lo que rescato es cuando menciona, “el Señor General, Don León Balarrasa, héroe de mil batallas. Donde nunca estuvo”. ¿Por qué lo menciono? Porque hoy nos topamos con la noticia sobre la renuncia Cecilia Romero, la comisionada del Instituto Nacional de Migración.
Pero bueno, sólo quiero dejar esa pregunta, a qué renunció si como León Balarrasa, héroe de mil batallas, en las que nunca estuvo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

¿Dónde está el Jefe Diego?

Esa es una de las preguntas de este año, así como, ¿quién no tendió la cama? ¿Dónde está Ken? ¿Cuánto va a costar el bicentenario y el centenario? ¿Qué hace Calderón en las tardes? ¿Qué chela es la que tiene más alcohol? En fin.

En agosto se cumplieron 100 días del secuestro de Diego Fernández de Ceballos y no tenemos un indicio de qué fue su suerte. Lo que es de alarmar es que este modus operandi ya es conocido por las víctimas de los autonombrados “Misteriosos desaparecedores”.

Es una organización atípica, opera como verdaderos profesionales, a envidia de las corporaciones policiacas, cuenta con un sistema de inteligencia, una gran estrategia y logística. Más aún, maniobra a nivel internacional.

Sólo por ejemplificar, ¿cómo sabían que Diego llevaba un chip de localización? Pero ahí no queda la cosa, ¿cómo sabían en qué parte del cuerpo lo portaba? ¿Desde cuándo estaban tras los pasos del Jefe? ¿Cuánto tiempo les llevó rastrear sus costumbres y hábitos? ¿Cómo lo sacaron del rancho? Otra práctica común, a sus víctimas quieren “quebrarlas” haciéndolas creer que la familia y amigos no quieren pagar el rescate, que están solas. Los rescates deben ser entregados en lugares fuera de México, mostrando su poderío.

¿A qué nos estamos enfrentando como ciudadanos mexicanos? Hemos escuchado muchas opiniones sobre la desaparición del ex – senador, unas muy inhumanas que hasta festejan el plagio, mismas que tendría que afirmarse que es una experiencia que no se le desea ni a los peores enemigos.

Ojalá que en un futuro no muy lejano, sean puestas en libertad todas las personas que están secuestradas, que puedan reunirse con sus seres queridos y que puedan retomar en la medida de las posibilidades su vida en forma ordinaria.

Los Niños Héroes

En esta ocasión, me gustaría compartir un cartón de Camacho que es muy ilustrativo de la realidad de nuestro país.


“Todo lo mío es tuyo” (Lc 15, 31)

Cada domingo trataremos de meditar sobre el Evangelio, el proyecto de Jesús en nuestra vida.

En esta ocasión corresponde al XXIV Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 15, 1 – 32)

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: "Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido".

Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse".

Y les dijo también: "Si una mujer tiene diez dracmas y pierde una, ¿no enciende acaso la lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, llama a sus amigas y vecinas, y les dice: "Alégrense conmigo, porque encontré la dracma que se me había perdido". Les aseguro que, de la misma manera, se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierte".

Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes.

Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones.

Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'.

Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso. Él le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'. El se enojó y no quiso entrar.

Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".
Hemos escuchado muchas veces este pasaje del Evangelio, en donde Jesús, habla y predica sobre un aspecto fundamental para poder participar de su proyecto, la misericordia. Miser en latín significa miserable, desdichado y cordis, corazón, por lo que es la capacidad de sentir la desdicha de los demás.

Este Domingo, podríamos señalar que el eje es la misericordia como lo vemos en las dos parábolas que plantea Jesús como fundamento de su seguimiento. Ahí es donde ponemos a prueba nuestro discipulado, en la capacidad de encontrarnos, pero más allá, la de vibrar con el otro, de compartir su ser y en particular, hacernos uno con su corazón.

La primera imagen es la del buen pastor que va por la oveja perdida, por la que se extravío, ya sea por negligencia o por las ganas de buscar la novedad. Deja las 99, porque no necesitan el pastoreo, porque se sienten seguras en donde las ha puesto. Pero la extraviada, lo necesita aún porque se esmere en no reconocerlo, en no aceptarlo o rechazarlo.

Encuentro, que se traduce en alegría porque por fin, después de tanta búsqueda se logra. El pastor estaba inquieto, intranquilo porque no sabía de la oveja, pero no se da por vencido. Gozo, emoción, porque sabe que por fin se reincorporará.

Segunda imagen, la moneda que se pierde, se deja caer, se abandona. Una moneda representaba todo el patrimonio de una familia, por eso lo era todo. No se queda tranquilo porque no se puede perder una moneda así de forma tan sencilla. Recorre todos y cada uno de los rincones, busca sin desfallecer.

Cuando la encuentra es alegría, porque ese tesoro no se perdió, ahora dará la prosperidad y el bienestar que está destinada a dar.

La última imagen, que comúnmente se llama la parábola del “hijo pródigo” que sería mejor llamarla el “padre providente”. Es una verdadera clase de antropología humana. Nos reta a plantearnos las actitudes que asumimos, pero no alcanzamos a vislumbrar el fondo, que no es con qué hijo te identifiques, sino que admiremos e imitemos a la figura del padre.

El padre que hizo grandes cosas, que amasó bienes que sus hijos creen que son suyos. El ingrato, piensa que le puede exigir a su padre aquello que no le pertenece, que no realizó el menor esfuerzo por conseguir, pero en su ingenuidad asume que tiene derecho sobre lo que es de su padre.

Ese hijo se marcha por su propio pie, nadie le dijo que lo hiciera, busca una supuesta libertad e independencia de su padre. Huye, escapa en pro de su rumbo. Como buena persona que no le ha costado nada en la vida, despilfarra, cae en la desgracia, siente hambre por primera vez en su vida, se siente necesitado, indefenso, vulnerable. Incluso quiere alimentarse de lo que consumen los cerdos.

Recapacita y se da cuenta del error que cometió, que cuando estaba con su padre era verdaderamente libre, se sentía seguro, protegido y es cuando clama al cielo por lo que ha hecho y busca regresar pero no con la misma actitud arrogante, sino con la humildad que da el fracaso, la derrota y el desaliento. Sabe que ni uno solo de los colaboradores de su padre ha experimentado el hombre y buscará su retorno como esclavo o servidor de su padre.

Con esa humildad, emprende el camino a casa. El padre providente estaba con la esperanza y con la fe que su hijo al que tanto amaba buscaría su hogar y así fue. Lo ve venir a lo lejos y corre a su encuentro, porque sabe que está vez será para siempre. Manda a que lo aseen, lo vistan y calcen, que le den un anillo; pide una fiesta en su honor.

Ese padre providente, le da la dignidad de hijo, no de esclavo, como pretendía en un primer momento. Lo reviste de ser su retoño, se alegra porque no importa el pasado o lo que haya experimentado, está con él, hay fiesta, alegría, gozo.


El hijo miserable, que siempre había estado con su padre, pero que no era generoso, que no daba el paso a imitar a su padre, al contemplar la escena, increpa, se molesta, se siente defraudado, pero cuál es la sorpresa, la probidad nuevamente del padre. Alégrate porque es tu hermano.

El hijo no es capaz de experimentar la alegría de su padre y sólo piensa en la recompensa que le debía por estar siempre con él. Todo lo mío es tuyo, responde con gran amor el padre, las cosas de Dios son nuestras cosas, no sólo son aspectos sagrados, sino que son nuestras.

Cuál grande es nuestra dignidad que hemos recibido de Dios, pues somos hijos, y como tal, debemos ser como Él, misericordiosos, abiertos al encuentro. Todo lo mío es tuyo nos dice el Señor, las cosas de Dios son nuestras cosas.

Que en nuestro peregrinar seamos siempre hombres de misericordia. Sin misericordia, es imposible entender el misterio de Dios en nuestras vidas.

domingo, 12 de septiembre de 2010

¿Se pueden recuperar nuestros sueños?

Nuestras vidas están repletas de sueños, de anhelos, que es el alimento de nuestra alma. Vivimos de esperanza. En lo más profundo guardamos un deseo, una ilusión y también en muchas otras, por qué no decirlo, de frustraciones por no seguir aquello que nos hace felices y tristemente, renunciamos a esos sueños.


Muchas veces hemos escuchado que no se puede culpar a otros de no seguir nuestros deseos, lo que en verdad queremos en la vida. Pero, es cierto también, que por no herir, lastimar o no defraudar, lo hacemos para buscar la forma en la cual podemos ajustar aquello que anhelábamos a lo que será nuestra vida en adelante.

Cuántas presiones podemos soportar, por tratar de perseguir un sueño que no es entendido o mucho menos apoyado. En esos casos, se tienen dos opciones, luchar y alcanzarlo al costo de ser feliz; renunciar con el alto precio de un día arrepentirse de ello.

En determinado momento, pudiera parecer que dejamos de ser personas, para ser máquinas sin sentimientos, automatizados y preguntándonos el por qué terminamos así, en una vida que no era la que nosotros teníamos en mente o hubiésemos soñado.

Es por eso que hago esa pregunta, ¿se pueden recuperar nuestros sueños? ¿Podemos regresar de ser máquinas, para volver a ser humanos? ¿Por qué damos tanta importancia a lo que las personas en nuestro alrededor (en especial seres queridos) piensan, sienten o quieren para nosotros? ¿Por qué nos da tanto miedo vivir? Más aún, vivir felices.

Si bien es cierto que sólo tenemos una vida, ¿por qué desperdiciarla? Lo más complicado es enfrentarnos a nosotros y querer tomar las riendas de nuestro destino. Ahí descubriremos que tenemos miedo. Terror de encontrar que podemos ser felices.

Nunca es tarde, pero es fundamental la decisión, siempre y cuando todavía estemos en tiempo. Dice un viejo refrán, “Dios perdona siempre, el hombre a veces, pero el tiempo nunca”.

Sí se pueden recuperar, sólo es cuestión de quererlo, de intentarlo, pero sobre todo, de nunca dejar de soñar. Estar alerta y no desperdiciar las oportunidades que se presentan.

Mensaje de S.E.R. Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico de Su Santidad

Quisiera reproducir en esta ocasión un mensaje del Nuncio de Su Santidad con motivo de las fiestas patrias que se aproximan. Lo ha llamado, “Una nación sin valores será siempre esclava”.
"Sin duda, la celebración del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución invita a todos a observar el pasado, para discernir el presente, en miras al futuro. El evento de la Independencia, en efecto, no ha sido ni debe ser considerado solamente como algo que “fue”, un independizarse “de”, sino, sobre todo, como un evento que se proyecta dinámicamente hacia el futuro “para” conformar, edificar y sostener una Nación de valores. Una Nación sin verdaderos valores, sería una Nación siempre esclavizada. Afortunadamente, en México, el potencial indudablemente existe. Porque, en efecto, en el pueblo mexicano es aún posible encontrar bellas y tangibles manifestaciones, entre otras muchas, de profundo respeto a la vida, de amor por la familia, de sentido de acogida y de hospitalidad, de fiesta y de esperanza. Manifestaciones que, al mismo tiempo, revelan la presencia de la religiosidad profunda de un pueblo que se mantiene unido a Dios.

Son valores que hay que saber reforzar y promover. Más hoy, cuando de manera impactante constatamos la existencia de muchas veces graves y escandalosas desigualdades sociales a las que se han ido añadiendo los nuevos rostros de la violencia, lo cual, entre otros factores, ha provocado que muchos mexicanos se encuentren excluidos de la promoción humana integral, a tal grado, que los ideales de libertad, justicia e igualdad que motivaron la insurrección por la Independencia y la Revolución, hoy, más que nunca, interpelan a los mexicanos.

Ojalá que estas celebraciones muevan eficaz y efectivamente las voluntades de todas las fuerzas vivas de la sociedad, empujándolas a luchar por lograr encontrar caminos de solidaridad: de aquella capaz de incluir a todos los mexicanos, y que realmente se fundamenta, se desarrolla y se logra mirando y reconociendo al hombre como objeto y sujeto, como centro de todo proyecto humano. Solidaridad que en la perspectiva cristiana reclama a la caridad, en el horizonte de la justicia; la cual, a su vez, exige la verdad (cfr. Caritas in Veritate). Sólo desde la óptica de la justicia, de la caridad y de la verdad, será posible colaborar en la construcción de una “civilización del amor” y de una sociedad solidaria y fraterna, en consecuencia, de dar su verdadero valor a los eventos que gozosa y justamente celebra hoy el pueblo de México.

En esta circunstancia, invito particularmente a cada bautizado y a cada institución eclesial a hacer que su vida se transforme en un cada vez más claro testimonio de responsabilidad y de creatividad ciudadanas. A todos y cada uno corresponde llevar el mensaje transformador y humanizante de Cristo a los demás y a la sociedad, al núcleo de la cultura y a sus instituciones. También hoy, como ayer, los bautizados están llamados a estar dinámica y valientemente presentes en la vida pública, siendo verdaderos ciudadanos, contribuyendo al bien común y mostrando que es posible vivir y proclamar existencialmente la fe desde el interior de las realidades seculares, con valentía, respeto a los otros y a sus modos de pensar, y con indomable coherencia".

+ Mons. Christophe Pierre
Nuncio Apostólico en México