lunes, 8 de noviembre de 2010

El amor verdadero

Muchas personas tienen miedo a experimentar el amor en sus vidas, ello puede ser por diversas razones, el compromiso, el salir herido, el no ser correspondido en fin, son múltiples como personas existen.
Pero el secreto, no es mi capacidad de recibir el amor, sino mi capacidad de dar el amor a manos llenas sin esperar nada a cambio, porque si espero algo a cambio no es amor.
En verdad vale la pena el luchar por el amor, no importa el hecho de no ser correspondido, sólo por permitirse no pensar en sí, brinda felicidad. Salir de uno mismo, le permite trascender.
Muchas veces el amor por extraño y contradictorio que pudiera parecer, requiere renuncia. Renuncia porque en ocasiones, hay que dejar ir, hay que soltar y eso duele.
El dejar ir, implica el buscar el bienestar de la persona amada porque está realizando su proyecto, su realización y muchas veces nuestra única labor es estar ahí, ser acompañantes discretos y muchas veces invisibles.
Soltar significa, comprender el doloso aspecto sobre la libertad de las personas, no somos dueñas de ellas, y debemos respetar justo ello su libertad. Muchas veces nuestra tarea será encaminar, orientar, pero lo más importante apoyar.
Al final encontramos esa parte dolorosa del amor, cuando debemos aceptar  un proyecto diferente del pensado, del imaginado. Pero también encontraremos nuestra felicidad al alegrarnos en la dicha del otro. Ahí se demuestra el amor verdadero.

Felipón!

domingo, 7 de noviembre de 2010

Es de vivos, no de muertos

El Evangelio de este XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 20, 27 – 38) nos muestra la realidad de Dios.

“Se acercaron a Jesús algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: «Maestro, Moisés nos ha ordenado: "Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda". Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?» Jesús les respondió: «En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que son juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casan. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor "el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob". Porque Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para Él»”.
Nos encontramos frente a una pregunta cuya respuesta ha intrigado a la humanidad, filósofos y grandes pensadores han buscado esa respuesta, ¿qué hay después de la muerte?
Los saduceos negaban la resurrección, porque quedaban con la limitada creencia de la reencarnación, pero le insisten a Jesús, le retaban para encontrar una contradicción en las palabras de Cristo.
Como siempre, los hombres queremos y buscamos imponer nuestros criterios sobre aspectos que nos rebasan, como es el Reino de los Cielos. Es fundamental dejar a Dios ser Dios, permitir que continuamente nos sorprenda.
Dios es un Dios de vivos y vivos son aquellos cuyo camino, verdad y vida se centra en el misterio de la Resurrección. Es como aquellos que dejaron una guardia de soldados en el sepulcro por si acaso. El Reino de Dios se basa sólo en el amor, en la conversión.
El cielo y el infierno comienzan desde esta vida, hacia dónde queremos ir, ¿a aquél que nos ha prometido la vida y la vida en abundancia? Sólo es cuestión de querer y de dejarse sorprender por Dios, que es de vivos y no de muertos.

Sólo se puede ir para arriba

Dentro de la fe cristiana, se habla mucho de la conversión, actitud pocas veces aceptada dentro de las personas de duro corazón, porque no alcanzan a ver la obra de Dios en un corazón converso, es decir, un corazón tocado por el Dios del amor y buscar ir más allá, quiere cambiar de vida, pero también esa conversión le da una actitud de humildad, no puede sólo y reconoce su limitación humana.
Previo a la conversión, en lenguaje coloquial se dice, “toqué fondo”, es una terrible experiencia, porque se toca la peor parte de nuestro ser. El lado más oscuro y temible se apodera de nosotros, perdemos el rumbo, cometemos las peores tonterías y nuestra conciencia nos lo reclama.
En ese sentido, hablando del paso previo a la conversión, tenemos dos alternativas, quedarnos en el fango, presas de nuestras peores pasiones o por el contrario, experimentar la mano amorosa de Dios para poder salir adelante, con un corazón renovado, herido, pero amado.
Ese es un misterio, el hecho de poder experimentar más cercano a Dios cuando estoy en la mugre, cuando parece que soy más débil, soy más fuerte. Aún y con todo el pasado, con lo hecho, el proceso de conversión lo hace suyo, nos libera del sentimiento de culpa, pero es como la mujer adúltera, no te condeno, pero no peques más.
Una persona cuyo juicio le impide aceptar el proceso de conversión en un alma, la ve con desconfianza, porque en el fondo se refleja una falta de fe. Se atreve a emitir juicios temerarios, pero sólo lo entiende hasta el momento en que busca su propia conversión.
Grandiosa es la conversión, porque permite retomar nuestra vida, partir de cero, ir a más y salir adelante. Pero es fundamental quererlo, desearlo y trabajar en ello. Cuando uno ha “tocado fondo”, sólo se puede ir para arriba.

jueves, 4 de noviembre de 2010

¿Un siniestro plan?

Pocas veces un autor desearía estar equivocado, en especial por el tema a desarrollar y por las conclusiones derivadas de su observación.
Hemos sido testigos recientemente de un debate en torno a la legalización de las drogas o en de ciertos tipos, lo curioso es la cantidad de personas a favor de ello, como es el caso de Vicente Fox y de Ernesto Zedillo. Ambos en su gobierno enfrentaron a los diversos cárteles, logrando en el sexenio de Ernesto Zedillo la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, el cual “escaparía” durante el siguiente periodo presidencial de Vicente Fox.
Es importante, recordar ciertos aspectos históricos para comprender los hechos actuales. Los antecedentes de los grandes cárteles se remontan a la década de los setenta, cuando se funda el cártel de Golfo por Juan Nepomuceno Guerra, cuyas actividades iniciales era el contrabando. Otro cártel que surge en esa época es el de Juárez, encabezado por Ernesto Fonseca Carrillo.
Durante la década de los ochenta, el capo de capos era Rafael Caro Quintero (aprehendido en 1985), junto con él, destacaban Miguel Ángel Félix Gallardo (detenido en 1989); ambos fundadores del cártel de Guadalajara. Es a la captura de Miguel Ángel Félix cuando se divide el cártel de Guadalajara para quedar en dos bandos irreconciliables, el cártel de Tijuana, al frente de los Hermanos Arellano Félix y el de Sinaloa, dirigido por Héctor Luis “Güero” Palma Salazar (detenido tras un accidente aéreo por el entonces General Jesús Gutiérrez Rebollo), Adrián Gómez González y Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera.
En los noventa, 1993, se tiene el enfrentamiento entre los cárteles de Tijuana y Sinaloa dando como resultado el asesinato del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en el Aeropuerto de Guadalajara. 1994, toma el control del cártel de Tijuana Juan García Ábrego, hasta 1996 cuando es aprehendido y tomar el control, Osiel Cárdenas Guillén. En 1997, atentarán contra el periodista Jesús Blancornelas, del que saldría ileso. En 1999 Osiel Cárdenas recluta a los llamados “Zetas” como brazo armado de la organización que comanda.
En la presente década fuimos testigos del surgimiento de nuevos cárteles como el de los Beltrán Leyva o la Familia Michoacana.
Eso es como un breviario para poder comprender nuestra realidad, caracterizada por la disputa entre todos los cárteles por las diversas plazas del país.
Retomando las diversas posturas sobre la legalización de las drogas, al parecer pudiéramos descubrir un siniestro plan para permitir el crecimiento de la guerra entre los cárteles y con el Estado para generar la aceptación de la única solución viable a la violencia que es justo ello, legalizarla.
Se escuchan voces sobre la preferencia de encontrar las drogas en los diversos lugares de esparcimiento, a armas de fuego, a secuestros, extorciones y demás actividades relacionadas con el narcotráfico, pero, ¿quién ha hablado por los niños y jóvenes quienes serán los principales blancos y víctimas del consumo de estupefacientes? Si ya es muy sencillo conseguir algún tipo de droga, aún con estar prohibidas, no quiero ni pensar cómo será cuando en un escenario hipotético sean legales.
Sí es una realidad la necesidad de reorientar la estrategia del Estado, pero tomen en cuenta a esos niños y jóvenes, pero también es fundamental para honrar a todas las víctimas, tanto fuerzas policiacas como inocentes asesinadas a causa de esta lucha.
Es importantísimo analizar todas las aristas antes de afirmar sobre la solución a un conflicto, no se puede legalizar las drogas.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

“Una paliza”

“Una paliza”, así es como calificó Barack Obama los resultados de las pasadas elecciones en los Estados Unidos. Comicios cuyos resultados representaron la derrota del Partido Demócrata y el avance de los Republicanos apoyados en una de las expresiones más conservadoras y radicales del llamado “Tea Party”.
Las elecciones brindaron un panorama desalentador para el inquilino de la Casa Blanca, pues los ciudadanos norteamericanos expresaron su frustración e ira ante los problemas por los que atraviese la Unión Norteamericana y la incapacidad para hacerles frente.
La luna de miel terminó y comienza la de “hiel”, son pocas las cosas que se podrán esperar del segundo tiempo de la Presidencia de Obama, aún contando con el Senado, en la Cámara de Representantes la política la dictarán los Republicanos.
Será difícil para nuestro país poder entablar una nueva relación con los vecinos del Norte, los Republicanos impondrán una nueva agenda, misma en la cual no figuramos como prioridad, ello representa otro intento frustrado de la reforma migratoria, el combate al narcotráfico y la cooperación más eficiente entre los dos países.

martes, 2 de noviembre de 2010

Invictus

Me gustaría simplemente compartir mi poema favorito, del inglés William Ernest Henley.
Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

Un lastre...

lunes, 1 de noviembre de 2010

Yo quiero ser cómo él

Ya nos acercamos al final y al inicio de un Ciclo Litúrgico, en este XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (LC 19, 1 – 10), encontramos algo apasionante, aunque lo publique el lunes un poco tarde.
“Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
Entonces se adelantó y subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".
Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador".
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más".
Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido"”.
Jericó era una ciudad muy importante pues si uno venía de regiones cercanas al Mar Muerto, era paso obligado a Jerusalén. Jericó es la prueba de la Tierra Prometida, se hace presente la huella de Dios, es la “tierra que mana leche y miel” (Ex 3, 8).
En esas condiciones, vivía Zaqueo, el jefe de los publicanos, lo más indigno porque era el jefe de los recaudadores de los impuestos para el Imperio Romano, era un usurero, un pecador. Incluso se subió a un árbol de sicómoro, considerado sucio, debido a su fruta utilizada para alimentar a los cerdos.
Zaqueo como comenta el Evangelio era un hombre bajo, pero no sólo de estatura, moralmente, espiritualmente, en fin; había un gran conflicto en él, pero se dio cuenta de su vacío, demandante de ser saciado. Había escuchado a Jesús, conocía de sus obras, quería verlo, supera la vergüenza originada de subirse a un árbol, pero no le importó porque deseaba ver a Jesús, algo había, algo le motivaba, buscaba la verdad para su vida y quiso ir a la fuente, en su corazón seguramente sabía que por fin la encontraría.
Jesús había preparado ese encuentro, pero dejó que le costara a Zaqueo, porque tenía necesariamente que encontrarse primero a él mismo. Jesús lo ve y le pide, baja pronto, porque hoy me voy a alojar en tu casa. Si tú me das oportunidad, entraré en tu casa, en tu intimidad y haremos un banquete (Ap 3, 20).
Zaqueo confronta su verdad con la Verdad, se da cuenta de su pasado y busca experimentar la conversión de aquél quien se ha sentido amado y tocado por Cristo. Sabe perfectamente que será blanco de calumnias, difamaciones y los constantes recordatorios de su vida pecadora, pero no importa, porque se ha encontrado con Jesús.
Quiere enmendar de alguna manera su mal, no se limita a los señalamientos del Levítico, buscará pagar cuatro veces las cantidades defraudadas y compartir sus bienes a los más desprotegidos. Ha comprendido parte del gran misterio de Dios, el amor.
Jesucristo se alegra porque ha logrado otra conversión, y llegó la salvación, su obra sigue dando resultados. ¡Qué figura tan admirable la de Zaqueo! Saneo su pasado, para construir sobre la piedra del presente en Jesucristo.
Yo quiero ser como Zaqueo, pasar ese proceso de conversión, confrontar mi realidad con la de Cristo, para que un día llegue la salvación al interior de mi alma. El pasado no determinará la persona que puedo llegar a ser si doy mi sí rotundo como Zaqueo a Cristo.
El Evangelio nos presenta episodios muy especiales y particulares que nos retan, motivan, confrontan, orientan, pero siempre tiene algo nuevo que decirnos. Uno de los casos más admirables es el de Zaqueo, un publicano.