Hace unos días reflexionaba con unas queridas amigas sobre
ciertos aspectos de nuestras vidas. Hablábamos de trivialidades, pero también,
de vivencias clave, las cuales nos han marcado para bien o para mal.
Un tema complicado es el tratar la vida sentimental o
amorosa, porque siempre hay alguien quien nos ha marcado de forma definitiva, aún
siendo la actual o anteriores relaciones. Ese alguien quien sin ser el amor de
la vida, pudo serlo, pero como novela, no se dio.
Esa persona tan especial ha marcado a tal grado nuestras
vidas, incluso se ha convertido, incorrectamente, en parámetro de comparación
para las relaciones, porque se ha transformado en una sombra, en un recuerdo
vivo. Ese “memorial” muchas veces no nos deja transitar, avanzar y madurar.
Ello se ha dado porque no cerramos el ciclo o se cortó de
tajo sin comprender el misterio de lo sucedido, anhelamos desentrañar el
misterio de por qué fue así. Todo iba viento en popa y de improvisto, todo
cambió, aquello sembrado en el amor con esperanza e ilusión, se convierte en
una tempestad.
El remolino ocasionado en el ser, tanto a nivel emocional se
hace imposible de sobrellevar, la razón no encuentra argumentos para
comprender, es tal el dolor del corazón, del amor, al extremo de manifestarse
como un dolor físico. En pocas palabras, se llega a experimentar la muerte en
vida.
Es enorme la desestabilización experimentada por nuestro
ser, busca regresar a los elementos primarios donde encuentra o busca encontrar
en sentido de la vida, de voltear la hoja de la historia, pero en ocasiones
cuesta demasiado.
La conclusión a la cual llegamos en esa conversación sólo se
puede comprender a la luz de quien ha experimentado esa sensación, quien la
sigue viviendo y quien estoicamente la sobrelleva. Se debe transformar toda esa
energía contenida, una vez llorada, en un recuerdo de amor.
Un recuerdo de amor el cual nos impulse a sacudirnos el
polvo de la enorme caída sufrida, a levantarnos y tratar de seguir adelante, a
enfrentarnos al miedo generado por las relaciones y a buscar la luz tras la
oscuridad. Sólo el encontrar el amor verdadero hace posible sanar cualquier herida,
porque el amor es una fuerza transformadora y vitalizadora.
Dicen los sabios “mejor el silencio… El tiempo ira sanando
lo impronunciable, pues lastima inútilmente… Y la sombra… habla de más”. No
queda otra alternativa, aprender a vivir con esa sombra y transformarla en
energía vital para volver a subirnos en la aventura del amor.
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