miércoles, 19 de junio de 2013

Un recuerdo de amor

Hace unos días reflexionaba con unas queridas amigas sobre ciertos aspectos de nuestras vidas. Hablábamos de trivialidades, pero también, de vivencias clave, las cuales nos han marcado para bien o para mal.
Un tema complicado es el tratar la vida sentimental o amorosa, porque siempre hay alguien quien nos ha marcado de forma definitiva, aún siendo la actual o anteriores relaciones. Ese alguien quien sin ser el amor de la vida, pudo serlo, pero como novela, no se dio.
Esa persona tan especial ha marcado a tal grado nuestras vidas, incluso se ha convertido, incorrectamente, en parámetro de comparación para las relaciones, porque se ha transformado en una sombra, en un recuerdo vivo. Ese “memorial” muchas veces no nos deja transitar, avanzar y madurar.
Ello se ha dado porque no cerramos el ciclo o se cortó de tajo sin comprender el misterio de lo sucedido, anhelamos desentrañar el misterio de por qué fue así. Todo iba viento en popa y de improvisto, todo cambió, aquello sembrado en el amor con esperanza e ilusión, se convierte en una tempestad.
El remolino ocasionado en el ser, tanto a nivel emocional se hace imposible de sobrellevar, la razón no encuentra argumentos para comprender, es tal el dolor del corazón, del amor, al extremo de manifestarse como un dolor físico. En pocas palabras, se llega a experimentar la muerte en vida.
Es enorme la desestabilización experimentada por nuestro ser, busca regresar a los elementos primarios donde encuentra o busca encontrar en sentido de la vida, de voltear la hoja de la historia, pero en ocasiones cuesta demasiado.
La conclusión a la cual llegamos en esa conversación sólo se puede comprender a la luz de quien ha experimentado esa sensación, quien la sigue viviendo y quien estoicamente la sobrelleva. Se debe transformar toda esa energía contenida, una vez llorada, en un recuerdo de amor.
Un recuerdo de amor el cual nos impulse a sacudirnos el polvo de la enorme caída sufrida, a levantarnos y tratar de seguir adelante, a enfrentarnos al miedo generado por las relaciones y a buscar la luz tras la oscuridad. Sólo el encontrar el amor verdadero hace posible sanar cualquier herida, porque el amor es una fuerza transformadora y vitalizadora.
Dicen los sabios “mejor el silencio… El tiempo ira sanando lo impronunciable, pues lastima inútilmente… Y la sombra… habla de más”. No queda otra alternativa, aprender a vivir con esa sombra y transformarla en energía vital para volver a subirnos en la aventura del amor.

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