¡Venga Tu Reino!
Adolfo Ruiz Guzmán
26 de septiembre de 2013
Retiro
Convento…
¿Quién es?
Introducción
Ya hacia el final de nuestro encuentro vamos a
comentar todavía en el marco del “Año de la Fe” descubrir el secreto de conocer
que Dios nos ama.
Este Año de la Fe nos debió de servir para
atrevernos a ir a más, a darnos la oportunidad del encuentro con Dios. Un
pensador afirmaba, “el puente hacia Dios es tan antiguo que ya nadie se atreve
a cruzarlo” (David Aldeguer Martinez), hoy me gustaría decirle, te has
equivocado porque hoy queremos iniciar a cruzarlo. Porque el amor de Dios me
mueve a buscarle, pero más aún, a amarle.
Claves para encontrar el amor a Dios
Quisiera retomar un poco el “cántico de las
creaturas” con el que meditamos anteriormente para seguir con esta plática.
El cántico de las criaturas nos brinda claves para
encontrar el secreto de conocer que Dios te ama. Pero más aún, la posibilidad
de entrar en encuentro personalísimo con Él, a partir del cual la vida se
transforma, la vida nunca será bastante para buscar estar con Dios.
Francisco previo a su encuentro con Dios, se
dedicaba a desperdiciar su vida, a derrochar sin aprender a valorar las cosas
sencillas de la vida, porque todo lo veía o lo daba por sentado.
Las cosas sencillas de la vida, nos permiten ir
cobrando las dimensiones de ese gran amor de Dios por nosotros. Francisco
escribe y dicta su Cántico al Hermano León previo a su encuentro con el Señor y
es una oda a la grandeza escondida en la pequeñez.
Cuando perdemos esa perspectiva de la grandeza
oculta en lo pequeño, recordamos a aquél mendigo quien comía de las migajas las
cuales caían de la mesa de un acaudalado quien para él no significaba nada,
pero para el necesitado eran todo.
El evangelio, siempre va a privilegiar el
encuentro sencillo y profundo, Jesús exclamará: “te doy gracias, Padre, Señor
de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y
se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11, 25). Porque ahí es donde
comprendemos ese misterio, necesitamos vaciarnos de nosotros mismos para
permitirle a Cristo llenarnos por completo, porque se convierte en nuestro
todo.
Para iniciar el encuentro, requerimos un punto de
partida, ahí encontramos una clave. El mérito del cristiano radica en su capacidad
de levantarse de las caídas, porque ha aprendido una certeza, “mientras más
bajo es el punto de partida, más alto será su elevación”. Por eso el Padre
Francisco dirá: “a ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre es digno de
nombrarte”.
El hombre descubre, dentro de su indignidad, la
nobleza y dignidad de Dios, porque es Dios mismo quien habita en él, pero no
sólo eso, le ama. Es tan grande el amor de Dios porque es el único quien
permite una relación personal con Él y nos da esa oportunidad por su Hijo, el
cual nos dice, para referirnos a Él, basta con decirle Padre.
¿Cuál es tu camino?
Cuando Francisco comienza el tránsito hacia su
conversión, tiene experiencias cada vez más fuertes con ese Padre amoroso,
encontrará en su camino a su gran compañero, al Hermano León, quien le hará una
pregunta fundamental. Si bien es cierto, buscas a Dios, pero cada quien debe
encontrar un camino para ello, ¿cuál es el tuyo?
Sí, hay muchas experiencias y muchos caminos
andados, un principio filosófico afirma, es imposible hacer juicios por otros.
El único capaz de tener una experiencia de Dios y de su amor, eres tú, porque
es un Dios personal. Porque cada hombre, aún no deseándolo, negándolo o
renegando, lo lleva escondido en lo más profundo de su piel, de su corazón, es
el mismo Dios quien grita dentro de ti, para decirte, ¡te amo! Jesús nos dijo,
“yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”
El camino debe recorrerse poco a poco, paso a
paso, pero eso sí, es un camino progresivo, el cual no admite retroceso. Jesús
siempre nos invita a dar ese paso, es uno decisivo pero fundamental, aprender a
caminar en la fe, Jim Elliot dice: “la voluntad de Dios no te llevará a donde
su gracia no te proteja”.
Conforme Francisco encontraba almas, las transformaba
por su testimonio y así se acercaron poco a poco sus primeros cofundadores,
daban el paso para abrazar el proyecto de Dios en su vida. Los alentaba el
valor y la confianza de Francisco, porque aprendieron rápidamente a encontrar
la frase en la Sagrada Escritura repetida 365 veces, “no tengan miedo”.
Con esa confianza encontraremos el camino, porque
primero por la fe, seremos capaces de hacer las cosas fáciles, luego poco a
poco, las grandes y así las imposibles. El amor es la meta, es el destino y es
la razón de nuestra existencia.
El problema de la gratuidad
Aquí encontraremos una de las cosas más grandes de
Dios. El problema de la gratuidad. Dios nos ama por el hecho de ser y no de
hacer, es decir, Dios nunca podrá dejarnos de amar y prueba de ello es la
libertad, por eso Dios no espera nada de nosotros.
Déjenme repetir esa idea, Dios no espera
absolutamente nada de nosotros, sin embargo, nosotros esperamos todo de Él. El
esperar todo es porque buscamos la salvación, la cual sólo llega por el amor.
Para el hombre es muy complicado comprender la
gratuidad, Dios nos ama gratuitamente, no espera nada de nosotros, Madre Teresa
dirá, Dios no quiere que seas exitoso, sino que seas fiel.
Quien comprende la gratuidad, poco a poco comienza
a volverse loco, pero cuando hablo de locura hay otro sinónimo, santidad. La
santidad hoy en nuestros días es sinónimo de locura porque no se entiende,
porque se es diferente, porque quien es santo ama. Cosa curiosa, el santo sabe
perfectamente lo que no quiere ser, pero no sabe lo que quiere, sólo le basta
el amor de Dios.
Nunca es bastante
Dios cuando sale a nuestro encuentro no se queda
con nimiedades, con migajas. Dios busca la plenitud en nuestra vida, por eso
encontramos a la totalidad, al Dios del cual nunca es bastante.
Cuando somos conscientes del amor de Dios, la vida
no basta para buscar experimentarlo, Francisco, llegó al punto del éxtasis, de
la levitación, pero también de la crucifixión.
Francisco se da cuenta de ese Dios insaciable,
porque busca el retarte, el obligarte a superarte, a dar más allá de tus
fuerzas. Cuando piensas es lo máximo posible a dar, Dios te dice, nunca es
bastante. Pero te reta, porque aquello que no quieres, es justo lo que Dios
quiere.
Francisco tiene una experiencia, la cual lo
marcaría profundamente. La prueba más grande para su amor, eran los leprosos,
su incansable Hermano León le preguntó sobre lo que más le costaba en la vida,
Francisco respondió los leprosos. Ahí vemos una realidad propuesta por la Madre
Teresa, “para que el amor sea verdadero, nos debe costar. Nos debe doler. Nos
debe vaciar de nosotros mismos”.
Cuando entró esa noche Francisco a su oración,
Dios le exigió besar a un leproso en la boca. Francisco quiso entrar el cólera,
porque ya había cambiado reconstruido la iglesia, vivía en pobreza, vivía en
sencillez, pero Dios es el nunca es bastante. Al día siguiente corrió para
buscar encontrarse con el leproso, en ese tiempo, los leprosos estaban
obligados a portar una campanita, para alertar a los demás sobre su presencia.
Cuando escuchó esa campanita, Francisco quería correr, huir, pero no habría
lugar dónde esconderse del Dios amoroso, quien incendia los corazones de quien
ama y de quien se ha sentido amado. Francisco corre pero a besar al leproso,
esa misma noche se da cuenta, de a quien ha besado es el mismo Cristo.
El hombre verdadero
Ahí admiramos al hombre verdadero, porque es capaz
de superar sus límites por amor. Ahí aquellos quienes están distanciados de
Dios, reaccionan ante una nueva realidad, es tiempo de hacer las paces con Dios
y la única forma es amando. La invitación a ese hombre verdadero es si te
atreves a amar.
Había una vez un hombre, un ermitaño, quien había
buscado vivir en la perfección del amor evangélico, cuando muere llega al
cielo, toca en el cielo y le dicen quién eres, el responde, yo, entonces se
escucha, no hay lugar para ti. Regresa y vuelve a tocar, ¿quién es? Yo, de
nuevo le dice no hay lugar para ti y le dijo vete. Entonces la tercera vez, le
preguntan, quién eres, pero ahora la respuesta es diferente, es Tú, Señor, eres
Tú.
El hombre verdadero, sabe esperar para llegar a
ese momento, a la fusión de Dios y el hombre, porque es un instante para la
eternidad. Así ese hombre enamorado comenzará a predicar con palabras, de ahí
con acciones, para llegar a transformar con su silencio frente a lo sagrado. El
hombre ante el misterio calla.
Es así, frente a todo ello, la pedagogía de Dios
cobra sentido en su amor, porque nos enseña a sufrir, a resistir, a afrontar, a
madurar, a crecer, pero lo más importante a amar. Cuando se ama a Dios, pero lo
más importante, me siento amado por Él, ya no hay prueba sin sentido, ya no hay
dolor sin consuelo, ya no hay noche sin estrellas, ya no hay día sin milagros.
Así hemos visto y recorrido muchas claves para
descubrir el secreto de conocer que Dios te ama, como mencionaba al inicio, con
el Cántico de las Creaturas, el cual es una alabanza por todas las cosas a
nuestro alrededor.
Francisco lo escribió ya casi al final de su vida,
cuando se quedó ciego, cuando fue expulsado de su propia orden, cuando fue
desconocido por los suyos. Pero fue cuando era más feliz. Sintiendo cerca la
muerte apresuró a su Hermano León para escribir para dar gracias por la hermana
muerte, pero nos regala la esperanza de la vida eterna. Así Francisco, muere,
en el piso, recargado sobre una piedra, pero con la certeza de San Pablo, “he
librado la buena batalla, he defendido la fe”.
El éxito de San Francisco, fue su confianza plena
en el Dios de la vida, en quien nunca es bastante, en quien nos motiva e
impulsa a dar más de nuestras capacidades, a quien nos ama con locura, quien
siempre busca nuestro bien. Es un Dios cercano, un Dios quien quiere entrar en
contacto contigo para lograr un encuentro fecundo.
El cántico concluye “alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad”. En lo pequeño y discreto está
Dios, en ti encerrado en tu corazón está Dios.