Aunque parezca una negación, es una afirmación. Es el sentir de las personas emprendedoras, seguras, firmes, dinámicas para las que el “no”, es una palabra ausente en su vocabulario. Para quienes la única forma de salir adelante es el trabajo arduo, cotidiano, honesto. Para quienes buscan construir y no destruir, dialogar y no confrontar. Para quienes han encontrado la verdadera libertad que sólo es posible si se vive con paz interior.
lunes, 11 de noviembre de 2013
domingo, 10 de noviembre de 2013
De vivos
Llegamos al XXXII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 20, 27 –
38) ya preparando para el cierre del Ciclo Litúrgico, Cristo nos recuerda sobre
su Padre.
“Se le
acercaron algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron:
"Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener
hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.
Ahora bien,
había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se
casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar
descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos,
¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?".
Jesús les
respondió: "En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que
sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se
casarán.
Ya no pueden
morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de
la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender
en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de
Isaac y el Dios de Jacob.
Porque él no
es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él”.
En nuestros tiempos, cada vez parece más lejano creer en la
resurrección, se nos apetecen todas las corrientes, movimientos y pensamientos
quienes nos quieren demostrar la reencarnación y la importancia de no vivir con
miras a la trascendencia.
Los saduceos hombres incrédulos, bien pudieran vivir en la
actualidad, porque no creen en absolutamente nada, hoy elegantemente les
llamamos agnóstico. Es triste el no tener ideales, sueños o metas, no querer
trascender si quiera.
Ahora preocupa el aquí y el ahora, pero no queremos
construir en vías de la vida eterna, la cual ya ni ha sido planteada en nuestra
vida como el gran ideal. Desde ahora debemos construir nuestra vida en
abundancia, para así obtener la vida que no se agota, que no se acaba, la vida
eterna.
Para cerrar el ciclo litúrgico es preciso no olvidar el
último párrafo del texto proclamado hoy, Dios es de vivos, no de muertos. Dios
quiere que vivamos, que sea en abundancia, que sea en plenitud y que nos lleve
a la felicidad plena. Es de vivos y por ello, quiere que vivamos de acuerdo a
la luz y a la verdad la cual sólo brota del resucitado.
martes, 5 de noviembre de 2013
lunes, 4 de noviembre de 2013
¿Qué quieren?
Seguimos en nuestras meditaciones sobre el Cielo, en esta
ocasión queremos hacer énfasis en la fe y un punto importante, su relación con
la inmortalidad.
Partamos de la premisa sobre la fe, la cual debe ser la
respuesta al proyecto de Dios para mí. La fe es un don, es una gracia dada por
Dios, no es propio del hombre el tener fe. Con ello podremos asimilar
cuestiones las cuales sobrepasan nuestro intelecto, no las entendemos pero nos
apegamos a ellas.
En el ritual del Bautismo, una de las preguntas clave que se
realizan al iniciar el rito es, ¿qué piden a la Iglesia? La respuesta es el
Bautismo, pero la verdadera pregunta es ¿qué quieren? La respuesta será la vida
eterna.
La fe, nos lleva a aceptar caminos por los cuales no
pudiéramos entender, incluso la misma muerte nos mueve a cuestionarnos la fe.
Es ahí donde podremos experimentar los límites de la fe.
También el comprender la fe en la vida eterna es muy
complicado, porque es una realidad muy lejana, San Ambrosio, “la inmortalidad
es una carga, más que un bien, si no la ilumina la gracia”.
La muerte es un tema molesto de tratar, porque desnuda lo efímero
dentro del tiempo de Dios. Quien tiene fe, la muerte es un regreso a la vida
eterna de donde partió, por ello, la muerte ya no existirá definitivamente,
porque sabemos tendremos la inmortalidad de la vida eterna.
Nuestra respuesta de temor frente a la muerte no lo da la
fe, sino por el contrario, nos da la certeza en la esperanza de no desaparecer,
porque la inmortalidad de la vida eterna nos espera.
domingo, 3 de noviembre de 2013
Yo soy Zaqueo
Llegamos al XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 19, 1 –
10), nos encontramos con un personaje peculiar, Zaqueo.
“Jesús entró
en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo,
que era jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a
causa de la multitud, porque era de baja estatura.
Entonces se
adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al
llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja
pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa".
Zaqueo bajó
rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
"Se ha ido a alojar en casa de un pecador".
Pero Zaqueo dijo
resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los
pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más". Y Jesús
le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este
hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar
lo que estaba perdido”.
En nuestra vida surge en algún momento la imperiosa
necesidad de buscar a Jesús, nos sentimos vacíos, tristes, desesperados o
simplemente el peso de nuestros pecados nos produce una sensación de
podredumbre.
Zaqueo tuvo la oportunidad de su vida, Jesús pasaría por su
casa en Jericó y no dudó un instante para hacer lo necesario para verlo. Como
dice el Evangelio, era de baja estatura, pero eso lo podemos interpretar como
era un hombre de baja estatura moral, era un pigmeo, no había llegado a su vida
la salvación y el día de su liberación, pero si bien, su necesidad de encontrar
la verdad fue su salvación.
Por eso sube al árbol porque sabía, al menos con ello,
podría alcanzar el camino a la liberación si veía a Jesús, pero Jesús sale primero
a su encuentro, puede ver lo más profundo de su corazón y le habla, le pide ir
a alojarse a su casa, quiere ingresar a lo más profundo de su intimidad.
Zaqueo se da cuenta en ese instante la necesidad de no
despegarse nunca más del buen sendero y quiere, como muestra de ello,
rectificar sus pasos. Así su vida la reorienta para ingresar al proyecto de
Jesús, el proyecto de su Padre, del Amor total y en plenitud.
Hoy más que nunca nos podemos sentir como Zaqueo, arriba del
árbol esperando y buscando a Cristo, porque así podrá lograrse ese encuentro
fecundo, el momento decisivo de nuestra vida, hoy podremos decir sin pena, yo
soy Zaqueo, pero no más, mi vida tiene, por tanto, que ser diferente.
martes, 29 de octubre de 2013
lunes, 28 de octubre de 2013
Así es el Cielo
Hoy comenzamos una serie breve sobre unas meditaciones del Cielo, o mejor dicho el Paraíso. Durante años, todos los
hombres nos preguntamos la incógnita fundamental, ¿qué hay después de la
muerte? ¿Qué es la vida eterna? ¿Cómo me preparo para ir a ella?
Si bien hay grandes maestros quienes han escrito sobre el
tema, nosotros queremos aportar en la medida de nuestras posibilidades al
particular, sin querer ofrecer una visión elevada o complicada sino dar un
panorama sobre nuestras esperanzas del más allá, para poder plantear una
visión, para poder afirmar, así es el Cielo.
Nos gustaría partir de la premisa ofrecida por la
Escatología, la cual a grandes rasgos es la rama de la teología la cual nos
brinda una visión de las realidades últimas, pero lo más importante la
esperanza sobre la cual están sustentadas.
Hay dos ramas sobre las cuales está fundada la escatología,
la individual y la general. La individual es el momento propio de nuestro
tránsito de la vida terrenal a la vida eterna, ahí experimentaremos nuestra
transfiguración como Cristo en el Tabor. Por su parte, la general, implica
necesariamente la Parusía, la segunda venida de Jesucristo donde será el juicio
universal.
Es importante hacer énfasis en un aspecto, no podemos hacer
premoniciones, ni especulaciones sobre el final de los tiempos porque nadie
sabe ni el día ni la hora, entonces ello nos invita a vivir en la libertad dada
por Dios.
El Paraíso es una realidad sobrenatural, la cual sobrepasa
nuestra capacidad de explicar, de comprender o siquiera imaginar, porque es la
presencia misma de Dios, es contemplarlo en su gloria y majestad.
La libertad juega un papel fundamental porque desde ahora se
comienza a construir el Infierno o el Cielo, porque al final el destino de cada
uno está marcado por las decisiones tomadas en libertad. El ir al Infierno o al
Cielo es nuestra libérrima elección.
Así pues, comencemos a escribir nuestro tránsito a la vida
eterna, para poder describir nuestra propia versión y decir así es el Cielo.
domingo, 27 de octubre de 2013
El peso de la libertad
XXX Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 18, 9 – 14) se acerca
el fin del Ciclo Litúrgico, pero para prepararnos, analicemos nuestra postura
delante de Dios.
“Y refiriéndose
a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también
esta parábola:
"Dos
hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El
fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los
demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese
publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis
entradas'.
En cambio el
publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los
ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad
de mí, que soy un pecador!'.
Les aseguro
que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo
el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".
La tentación del católico es ser un católico fariseo, es
decir, aquel quien se atreve a mirar de arriba abajo a sus semejantes, incluso
a juzgar, señalar, acusar, calumniar e incluso a juzgar.
Se presentan a sí mismos como ejemplo de moralidad y
rectitud, les gusta ser alabados y ocupar los lugares de honor y si por ellos
fuera, harían de lado al Papa Francisco. Pero delante de Dios quieren atreverse
incluso a dar su opinión y creer es mejor y superior. Su frase favorita es esa,
“gracias porque no soy como esos”.
Triste noticia les tendremos, están muy alejados del cielo,
de la vida eterna, porque Dios no es lo que busca, quiere la humildad de
quienes como el publicano no somos capaces si quiera de levantar los ojos para
ver al Señor Crucificado porque nos duelen nuestros pecados, nos duele un
pasado el cual lo ponemos en sus manos.
Los católicos publicanos sabemos perfectamente, no somos
mejores ni peores que otros, no hacemos comparaciones porque no sabemos los
procesos internos de los demás, por el contrario, nos mostramos comprensivos y
misericordiosos, porque el mismo Dios ha sido y es muy paciente con nosotros.
Nos golpeamos el pecho porque sentimos el peso de nuestras
decisiones, muchas agradaron a Dios, muchas no, con nuestra vida hemos
comenzado a construir o el cielo o el infierno desde ahora. Sentimos el peso de
la libertad en nuestros hombros, porque nuestras decisiones marcarán la vida
eterna.
Importante tener esa actitud delante de Dios, se ser como
soy, de la forma en la cual me ha creado, porque así me quiere, así me quiso,
así me querrá. Nada como vivir en la humildad aceptando quien soy y tener la
conciencia de mi creador, frente a quien delante de Él, no soy nada.
jueves, 24 de octubre de 2013
Compartir MESAC 26 de septiembre última parte
¡Venga Tu Reino!
Adolfo Ruiz Guzmán
26 de septiembre de 2013
Retiro
Convento…
¿Quién es?
Introducción
Ya hacia el final de nuestro encuentro vamos a
comentar todavía en el marco del “Año de la Fe” descubrir el secreto de conocer
que Dios nos ama.
Este Año de la Fe nos debió de servir para
atrevernos a ir a más, a darnos la oportunidad del encuentro con Dios. Un
pensador afirmaba, “el puente hacia Dios es tan antiguo que ya nadie se atreve
a cruzarlo” (David Aldeguer Martinez), hoy me gustaría decirle, te has
equivocado porque hoy queremos iniciar a cruzarlo. Porque el amor de Dios me
mueve a buscarle, pero más aún, a amarle.
Claves para encontrar el amor a Dios
Quisiera retomar un poco el “cántico de las
creaturas” con el que meditamos anteriormente para seguir con esta plática.
El cántico de las criaturas nos brinda claves para
encontrar el secreto de conocer que Dios te ama. Pero más aún, la posibilidad
de entrar en encuentro personalísimo con Él, a partir del cual la vida se
transforma, la vida nunca será bastante para buscar estar con Dios.
Francisco previo a su encuentro con Dios, se
dedicaba a desperdiciar su vida, a derrochar sin aprender a valorar las cosas
sencillas de la vida, porque todo lo veía o lo daba por sentado.
Las cosas sencillas de la vida, nos permiten ir
cobrando las dimensiones de ese gran amor de Dios por nosotros. Francisco
escribe y dicta su Cántico al Hermano León previo a su encuentro con el Señor y
es una oda a la grandeza escondida en la pequeñez.
Cuando perdemos esa perspectiva de la grandeza
oculta en lo pequeño, recordamos a aquél mendigo quien comía de las migajas las
cuales caían de la mesa de un acaudalado quien para él no significaba nada,
pero para el necesitado eran todo.
El evangelio, siempre va a privilegiar el
encuentro sencillo y profundo, Jesús exclamará: “te doy gracias, Padre, Señor
de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y
se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11, 25). Porque ahí es donde
comprendemos ese misterio, necesitamos vaciarnos de nosotros mismos para
permitirle a Cristo llenarnos por completo, porque se convierte en nuestro
todo.
Para iniciar el encuentro, requerimos un punto de
partida, ahí encontramos una clave. El mérito del cristiano radica en su capacidad
de levantarse de las caídas, porque ha aprendido una certeza, “mientras más
bajo es el punto de partida, más alto será su elevación”. Por eso el Padre
Francisco dirá: “a ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre es digno de
nombrarte”.
El hombre descubre, dentro de su indignidad, la
nobleza y dignidad de Dios, porque es Dios mismo quien habita en él, pero no
sólo eso, le ama. Es tan grande el amor de Dios porque es el único quien
permite una relación personal con Él y nos da esa oportunidad por su Hijo, el
cual nos dice, para referirnos a Él, basta con decirle Padre.
¿Cuál es tu camino?
Cuando Francisco comienza el tránsito hacia su
conversión, tiene experiencias cada vez más fuertes con ese Padre amoroso,
encontrará en su camino a su gran compañero, al Hermano León, quien le hará una
pregunta fundamental. Si bien es cierto, buscas a Dios, pero cada quien debe
encontrar un camino para ello, ¿cuál es el tuyo?
Sí, hay muchas experiencias y muchos caminos
andados, un principio filosófico afirma, es imposible hacer juicios por otros.
El único capaz de tener una experiencia de Dios y de su amor, eres tú, porque
es un Dios personal. Porque cada hombre, aún no deseándolo, negándolo o
renegando, lo lleva escondido en lo más profundo de su piel, de su corazón, es
el mismo Dios quien grita dentro de ti, para decirte, ¡te amo! Jesús nos dijo,
“yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”
El camino debe recorrerse poco a poco, paso a
paso, pero eso sí, es un camino progresivo, el cual no admite retroceso. Jesús
siempre nos invita a dar ese paso, es uno decisivo pero fundamental, aprender a
caminar en la fe, Jim Elliot dice: “la voluntad de Dios no te llevará a donde
su gracia no te proteja”.
Conforme Francisco encontraba almas, las transformaba
por su testimonio y así se acercaron poco a poco sus primeros cofundadores,
daban el paso para abrazar el proyecto de Dios en su vida. Los alentaba el
valor y la confianza de Francisco, porque aprendieron rápidamente a encontrar
la frase en la Sagrada Escritura repetida 365 veces, “no tengan miedo”.
Con esa confianza encontraremos el camino, porque
primero por la fe, seremos capaces de hacer las cosas fáciles, luego poco a
poco, las grandes y así las imposibles. El amor es la meta, es el destino y es
la razón de nuestra existencia.
El problema de la gratuidad
Aquí encontraremos una de las cosas más grandes de
Dios. El problema de la gratuidad. Dios nos ama por el hecho de ser y no de
hacer, es decir, Dios nunca podrá dejarnos de amar y prueba de ello es la
libertad, por eso Dios no espera nada de nosotros.
Déjenme repetir esa idea, Dios no espera
absolutamente nada de nosotros, sin embargo, nosotros esperamos todo de Él. El
esperar todo es porque buscamos la salvación, la cual sólo llega por el amor.
Para el hombre es muy complicado comprender la
gratuidad, Dios nos ama gratuitamente, no espera nada de nosotros, Madre Teresa
dirá, Dios no quiere que seas exitoso, sino que seas fiel.
Quien comprende la gratuidad, poco a poco comienza
a volverse loco, pero cuando hablo de locura hay otro sinónimo, santidad. La
santidad hoy en nuestros días es sinónimo de locura porque no se entiende,
porque se es diferente, porque quien es santo ama. Cosa curiosa, el santo sabe
perfectamente lo que no quiere ser, pero no sabe lo que quiere, sólo le basta
el amor de Dios.
Nunca es bastante
Dios cuando sale a nuestro encuentro no se queda
con nimiedades, con migajas. Dios busca la plenitud en nuestra vida, por eso
encontramos a la totalidad, al Dios del cual nunca es bastante.
Cuando somos conscientes del amor de Dios, la vida
no basta para buscar experimentarlo, Francisco, llegó al punto del éxtasis, de
la levitación, pero también de la crucifixión.
Francisco se da cuenta de ese Dios insaciable,
porque busca el retarte, el obligarte a superarte, a dar más allá de tus
fuerzas. Cuando piensas es lo máximo posible a dar, Dios te dice, nunca es
bastante. Pero te reta, porque aquello que no quieres, es justo lo que Dios
quiere.
Francisco tiene una experiencia, la cual lo
marcaría profundamente. La prueba más grande para su amor, eran los leprosos,
su incansable Hermano León le preguntó sobre lo que más le costaba en la vida,
Francisco respondió los leprosos. Ahí vemos una realidad propuesta por la Madre
Teresa, “para que el amor sea verdadero, nos debe costar. Nos debe doler. Nos
debe vaciar de nosotros mismos”.
Cuando entró esa noche Francisco a su oración,
Dios le exigió besar a un leproso en la boca. Francisco quiso entrar el cólera,
porque ya había cambiado reconstruido la iglesia, vivía en pobreza, vivía en
sencillez, pero Dios es el nunca es bastante. Al día siguiente corrió para
buscar encontrarse con el leproso, en ese tiempo, los leprosos estaban
obligados a portar una campanita, para alertar a los demás sobre su presencia.
Cuando escuchó esa campanita, Francisco quería correr, huir, pero no habría
lugar dónde esconderse del Dios amoroso, quien incendia los corazones de quien
ama y de quien se ha sentido amado. Francisco corre pero a besar al leproso,
esa misma noche se da cuenta, de a quien ha besado es el mismo Cristo.
El hombre verdadero
Ahí admiramos al hombre verdadero, porque es capaz
de superar sus límites por amor. Ahí aquellos quienes están distanciados de
Dios, reaccionan ante una nueva realidad, es tiempo de hacer las paces con Dios
y la única forma es amando. La invitación a ese hombre verdadero es si te
atreves a amar.
Había una vez un hombre, un ermitaño, quien había
buscado vivir en la perfección del amor evangélico, cuando muere llega al
cielo, toca en el cielo y le dicen quién eres, el responde, yo, entonces se
escucha, no hay lugar para ti. Regresa y vuelve a tocar, ¿quién es? Yo, de
nuevo le dice no hay lugar para ti y le dijo vete. Entonces la tercera vez, le
preguntan, quién eres, pero ahora la respuesta es diferente, es Tú, Señor, eres
Tú.
El hombre verdadero, sabe esperar para llegar a
ese momento, a la fusión de Dios y el hombre, porque es un instante para la
eternidad. Así ese hombre enamorado comenzará a predicar con palabras, de ahí
con acciones, para llegar a transformar con su silencio frente a lo sagrado. El
hombre ante el misterio calla.
Es así, frente a todo ello, la pedagogía de Dios
cobra sentido en su amor, porque nos enseña a sufrir, a resistir, a afrontar, a
madurar, a crecer, pero lo más importante a amar. Cuando se ama a Dios, pero lo
más importante, me siento amado por Él, ya no hay prueba sin sentido, ya no hay
dolor sin consuelo, ya no hay noche sin estrellas, ya no hay día sin milagros.
Así hemos visto y recorrido muchas claves para
descubrir el secreto de conocer que Dios te ama, como mencionaba al inicio, con
el Cántico de las Creaturas, el cual es una alabanza por todas las cosas a
nuestro alrededor.
Francisco lo escribió ya casi al final de su vida,
cuando se quedó ciego, cuando fue expulsado de su propia orden, cuando fue
desconocido por los suyos. Pero fue cuando era más feliz. Sintiendo cerca la
muerte apresuró a su Hermano León para escribir para dar gracias por la hermana
muerte, pero nos regala la esperanza de la vida eterna. Así Francisco, muere,
en el piso, recargado sobre una piedra, pero con la certeza de San Pablo, “he
librado la buena batalla, he defendido la fe”.
El éxito de San Francisco, fue su confianza plena
en el Dios de la vida, en quien nunca es bastante, en quien nos motiva e
impulsa a dar más de nuestras capacidades, a quien nos ama con locura, quien
siempre busca nuestro bien. Es un Dios cercano, un Dios quien quiere entrar en
contacto contigo para lograr un encuentro fecundo.
El cántico concluye “alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad”. En lo pequeño y discreto está
Dios, en ti encerrado en tu corazón está Dios.
miércoles, 23 de octubre de 2013
Compartir MESAC del 26 de septiembre de 2013, tercera parte
¡Venga Tu Reino!
Adolfo Ruiz Guzmán
26 de septiembre de 2013
Retiro
Convento…
¿Quién es?
Introducción
Continuamos nuestro caminar, ahora tendremos otra
meditación donde el final de la misma debe ser el poder dar una respuesta a
Jesucristo quien nos pregunta, ¿quién dices que soy Yo?
Calentamiento previo
Recuerdan que para meditar realizamos ejercicios
de calentamiento, ahora quiero proponerles para ello una oración muy hermosa,
la cual escribió San Francisco, quien es el hombre quien más se ha asemejado a
Nuestro Señor.
Altísimo y omnipotente buen Señor, tuyas son las
alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te convienen y ningún hombre
es digno de nombrarte.
Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas.
Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti,
Altísimo, lleva significación.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las
estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y
por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus
criaturas das sustento.
Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua, la
cual es muy humilde, preciosa y casta.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por
el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.
Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra
madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con
coloridas flores y hierbas.
Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan
por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las
sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte
corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.
Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte
segunda no les hará mal.
Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y
sírvanle con gran humildad.
Texto Evangélico
Una vez dados los ejercicios de calentamiento,
dispongámonos a meditar el texto Evangélico (Mt 16, 13 – 20).
“Al llegar Jesús a la
región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ‘¿Quién dice la gente
que soy yo?’. Ellos dijeron: ‘Unos dicen que eres Juan Bautista; otros dicen
que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas’.
Jesús les preguntó: ‘Y
ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Simón contestó: ‘Tú eres el Cristo, el
Hijo del Dios vivo’. Jesús le respondió: ‘Feliz eres, Simón Bar-Joná, porque no
te lo enseñó la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos.
Y ahora, yo te digo: Tú
eres Pedro, o sea Piedra, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las
fuerzas del infierno no la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de
los Cielos: todo lo que ates en la tierra será atado en el Cielo, y lo que
desates en la tierra será desatado en los Cielos".
Primera día: una pregunta muy profunda
Ante la realidad de nuestra vida, vienen momentos
complicados, vienen dificultades, nuestra fe duda, porque no alcanzamos a tener
la fe madura. Jesús se presenta como una novedad.
Jesús sale al paso para hacernos una pregunta
fundamental, visualicemos a los discípulos quienes aún no conocen al maestro,
ya han convivido mucho con Él pero aún así no han penetrado en la profundidad
del amor de Dios.
¿Quién dice la gente que soy Yo? Es una pregunta
muy profunda y se la suelta a los discípulos, las respuestas son tan diferentes
como personas les pudieron haber hecho.
Las respuestas son tan diversas como la concepción
se tiene de la vida, unos decían Juan “el Bautista”, porque quienes lo decían
fueron sus discípulos y descubrieron en Juan la figura del profeta que clama en
el desierto, quien sería el último profeta antes de Jesús.
Algunos se quedaban en el pasado, con Elías o
Jeremías, seguían esperando un nuevo profeta pero no habían visto a la plenitud
frente a sus ojos.
Pero aquí el punto central, ¿quién dices tú que
soy? Dependiendo la respuesta es la relación que has construido con el Señor,
de la forma en la cual quieres relacionarte con Él.
De ahí parte toda una realidad, la forma en la
cual describas será incluso la medida de cómo vives tu fe, la intensidad y la
calidad de la misma. Esa pregunta desnuda el interior de nuestra alma y sólo
debemos responder de la misma forma, con una fe totalmente desnuda.
Segundo punto: Tú eres el Hijo de Dios vivo
La respuesta de Pedro, necesariamente requería la
iluminación por parte del Espíritu Santo, porque esa teofanía era producto de
una persona llena de fe. No echemos en saco roto la respuesta, porque le dice
eres el Hijo de Dios vivo.
Esa es la clave, el Dios vivo, queridos hermanos,
hay que hacer nuestra esa realidad, es un Dios vivo, que está constantemente en
nosotros, quiere también compartir en nosotros la vida plena, la vida eterna.
Cuando llegamos a una fe madura, seremos capaces
de entender esos misterios, pero el primer misterio es ser capaces de comprender
las señales de Dios en nuestra vida, las marcas de su paso en nuestra vida, así
es cuando seremos capaces de ver la obra del Dios vivo en nosotros.
Tercer punto: la fe se pide de rodillas
La única forma de alcanzar dar una respuesta como
la de Pedro, es de rodillas, porque la fe se pide de rodillas, se pide con
humildad delante del Señor, si somos MESAC debemos estar unidos en esa oración
constante que nos haga dar vida, que nos haga ser portadores de esa buena
nueva.
El Señor quiere edificar a través de nosotros su
Iglesia, quiere que cada uno de nosotros se convierta en una piedra viva para
ser cimiento de quien se acerca a nosotros para dar vida.
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