lunes, 28 de enero de 2013

Vivir por nosotros mismos

Hemos llegado al final de nuestra serie sobre las bienaventuranzas, descubrimos el camino de Jesús para la felicidad y la vida en plenitud. Son ocho actitudes las cuales nos permitirán lograr incursionarnos en el arte de vivir.
Recorrimos paso a paso las ocho enseñanzas de Jesús, cada una me presentó la fórmula a seguir para vivir de acuerdo al proyecto de Jesús en mi vida, pero, también necesita la mi voluntad y así vivir en verdadera libertad. Vivir de acuerdo a mí, porque así es mi decisión.
La óctupla de la felicidad me obliga a asumir aspectos oscuros de mi vida, para darles luz, permitirles tener sentido. Ello me motiva a no huir de mi realidad, porque si lo hago me perderé y nunca me encontraré a mí mismo. Confronto mi realidad, con las tres perspectivas erróneas, con la imagen la cual se han hecho los demás, la mía y la verdadera; para así lograr una sola, la real.
Así la vida cobra una nueva dimensión de paz frente a cualquier situación externa e interna, porque la vida no es tan superficial para hacerla parecer sencilla. Vivir es un arte, requiere perfeccionamiento, eso también lo demuestra las bienaventuranzas como sendero para lograr plasmar una gran obra de arte.
Jesús culmina con una novena bienaventuranza, la cual se ofrece para quienes han comprendido el arte de vivir: “bienaventurados ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí. Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo”.
El reto por tanto será, vivir por nosotros mismos y no ser vividos por otros, entonces tendremos una vida y felicidad plena.

jueves, 24 de enero de 2013

Una última partida de naipes juega su último as

En muchas ocasiones en nuestra vida debemos “jugárnosla”, porque de una buena partida dependen muchas cosas, ya sea en el mundo laboral, académico, personal, deportivo, pero en la mayoría de los casos en el amor.
Nuestras cartas generalmente vienen al azar, en muchas partidas tenemos las mejores, donde de mano tenemos al menos un par, en los cambios vienen mejores y podemos armar mejores juegos, incluso llegar a la “flor imperial”.
En otras, los naipes son totalmente desfavorables, aún con el cambio, la baraja sigue siendo adversa, ni un par sale, pero como buenos jugadores y apostadores, no abandonamos la partida y “blofeamos” un rato, con el riesgo de perder. Pero en una de esas nos sale y ganamos la mano.
Aún con el riesgo de la partida seguimos adelante, cuando vamos abajo, podemos perder la esperanza y en ocasiones abandonar todo. Cuando la oscuridad es más intensa, nuestros peores temores salen a flote, corremos, buscamos ayuda, a veces no la encontramos, pero generalmente siempre hay quien nos asiste.
La vida como las cartas, deben seguir adelante, aprendemos a jugar con nuestras cartas, pero con el tiempo lo vamos haciendo de la mejor manera. Todo en nuestro caminar es riesgos, decisiones, pero también satisfacciones.
Ante la duda, apostar siempre por el éxito y arriesgarnos, porque la grandeza de las personas se mide en su capacidad de resolver dificultades y afrontar las adversidades, pero agregado a ello, sin perder su paz interior.
Como en los juegos de cartas, el mejor jugador será quien aprovecha su mano al máximo, pero lo más importante en una última partida de naipes juega su último as. Si gana es afortunado, pero si no, queda con su frente en alto, porque como buen jugador, del gran juego llamado vida, arriesgó, jugó y aunque pudiera parecer derrotado, ganó perdiendo con la frente en alto. Venció sus propios miedos porque después de la oscuridad vio la luz.

miércoles, 23 de enero de 2013

Calma, primero infórmate

Hoy ha sido la noticia de “ocho columnas” el amparo otorgado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a la ciudadana francesa Florence Cassez. Ello gracias a la brillante ponencia de la Ministra Olga Sánchez Cordero.
A raíz de ello, se ha desatado una ola de críticas infundadas y como es natural en estos casos, sin fundamento o conocimiento de causa. El otorgamiento del amparo a la ciudadana Cassez no fue por los crímenes imputados sino por el proceso realizado en su caso.
A pesar de todas las opiniones, es necesario comprender el meollo del caso. Los Ministros de la Corte no se expresaron por la inocencia o culpabilidad, no la absolvieron de los delitos, sino se concedió el amparo por el proceso irregular seguido en contra de Cassez, es decir, durante su proceso penal se comprobó la violación de los derechos humanos y se puso de manifiesto la incompetencia de quienes deben presentar las pruebas correspondientes.
Si alguien debe buscarse como culpable de la resolución de la Corte, es a los montajes realizados para buscar “impartir” justicia y demostrar capacidad de resolución de delitos. A la incompetencia de los Ministerios Públicos quienes carecen de recursos para presentar pruebas a los jueces y obvio su nula experiencia probatoria en los casos a su cargo. Pero lo más grave, debe modificarse como factor probatorio los dichos por la autoridad encargada de denunciar y presentar a los presuntos criminales.
Florence Cassez representa el verdadero problema de la impartición de justicia, la suposición propia consagrado en los principios generales del derecho y el cual debiera regir el Derecho Penal, se debe privilegiar la presunción de inocencia hasta probar lo contrario.
Ello implica por tanto transformar el sistema de impartición de justicia, donde se busque realmente llevar a cabo labores de investigación apropiadas y toda una serie de elementos, los cuales un experto debe opinar sobre ellos.
También como conclusión podemos afirmar, calma, primero infórmate y ahora sí expresa opiniones. El asunto de Cassez va más allá de su simple otorgamiento del amparo, sino de los vicios de los procesos penales en México.

domingo, 20 de enero de 2013

Un buen vino

El Tiempo Ordinario comienza su marcha, estamos en el II Domingo (Jn             3, 1 – 11) y María nos muestra su influencia sobre su Hijo.
“Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía".
Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga". Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una.
Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron.
El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento".
Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él”.
Juan en su Evangelio, es muy puntual con varios detalles de la vida de Jesús, si bien, no es de los sinópticos, sino está marcado por el buscar detallar los signos de Jesús a lo largo de su narración. Tampoco es biográfico, ninguno de los otros lo es, pero relata aspectos muy específicos como las bodas de Caná.
En el pasaje, se relata, el primer milagro de Jesús realizado por la intercesión de María, quien como buena madre, preocupada por sus anfitriones al ver la escases de vino.
María pudiera hacerse suyo el título de nuestro blog, porque Jesús al principio le dice “mi hora no ha llegado”; en cierto momento, María pensaría, “no, no cómo no”. Entonces toma las cosas en sus manos y les dice a los sirvientes, “hagan todo lo que Él les diga”, eso es mostrarnos el camino, el abandonarnos a la fe en su Hijo quien fue capaz de lograr un milagro “sencillo”, cuando más logrará en nuestra vida.
Si estamos hablando del Evangelio de Juan, es necesario, atender a los signos, como es el vino. Para la cultura judía, es signo de alegría entonces se invitaba a todos a compartir de la alegría, en este caso, de la boda.
Por ese milagro, acompañado de ese signo, los discípulos creyeron en Él. Si hoy hablamos de la alegría, esa debe ser una señal propia para reconocer a un católico, su capacidad de dar alegría a los demás.
El llamado de Jesús es claro a ser un buen vino.

lunes, 14 de enero de 2013

Los retos me obligan y orientan a estar a la altura de ellos

Estamos por concluir nuestra serie de las bienaventuranzas como camino a la felicidad. Hemos llevado paso a paso el compartir de las siete anteriores, ahora a punto de cerrar, entregamos la octava: “bienaventurados los que sufren por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”.
En el mundo impera una necesidad de justicia, muchas personas claman por ella, en todos los ambientes, en todas las circunstancias, pero es una realidad, muy pocos están dispuestos a arriesgarse por buscar o clamar por la justicia.
La injusticia se sufre aún en cosas insignificantes, incluso a quienes piensan diferente, quienes son de un modo de ser particular o quienes se han visto en necesidad de ocultarse. En todas las épocas están los poderosos quienes marginan a los más débiles.
El llamado al cristiano es a no permanecer indiferentes al sufrimiento ajeno, no sólo ocuparnos sino preocuparnos. Porque el ideal será hacer sentir a todos como en casa. Hoy se busca con mayor frecuencia a personas quienes estén dispuestos a cambiar el mundo luchando por la justicia, pero el inicio es contigo mismo, tu alrededor inmediato y luego el mundo.
Hemos insistido mucho en el camino de la bienaventuranza, pero también nos permiten salir de nosotros mismos para ir al encuentro del otro y eso me hace plenamente feliz. Brota desde lo más profundo de mi ser la necesidad de buscar la belleza del mundo y eso me da valor para luchar por lo justo.
Jesús alaba por otro lado a quien es perseguido a causa de la justicia, ello no es nada placentero, pero esa persecución nos lleva a ser nosotros mismos. La valentía se manifestará en defender nuestros propios ideales, pero también expresa nuestra libertad interior. Quien no se mantiene firme a sus convicciones es un cobarde y se vuelve manipulable, pero más aún, se vuelve esclavo.
Quien lucha por la justicia se vuelve incómodo, pero serán felices, porque aún cuando perciben la hostilidad, están en perfecta paz consigo mismo. Uno de los Padres de la Iglesia señala, la persecución es oportunidad para descubrir y desarrollar nuestras capacidades. Todos los retos me obligan y orientan a estar a la altura de ellos.
La promesa de felicidad de Jesús es el reino de los cielos, de la misma forma a quienes son pobres de espíritu porque son libres, porque han encontrado en Dios su motivo se ser, su centro y razón de existir.
Cuando asumo el señorío de Dios, cuando de verdad reina en nosotros, somos libres y nadie tendrá poder sobre mí. Entonces soy plenamente feliz.