martes, 10 de julio de 2012

El peligro de acostumbrarse a Dios

En la vida ordinaria, en la cotidianeidad, se corre el peligro de acostumbrase a las cosas de Dios. Es decir, perder el sentido de gratitud sobre los dones recibidos, incluso las adversidades y los retos.
Dios es tan maravilloso, porque siempre respeta la libertad de sus creaturas, nos deja ser, nos da espacio, margen de maniobra, pero ello trae como consecuencia el querer buscar encerrar a Dios a nuestra conveniencia.
Si encasillamos a Dios, no le dejamos ser a Dios, Dios; es cuando vienen las dificultades, porque la fe no está sustentada en el amor a Dios. Es curioso pero es cuando nosotros comenzamos a creernos jueces de los demás, somos como fariseos de los tiempos de Cristo.
Más aún, queremos pretender vivir como si Dios no existiera y no tuviera nada nuevo que decirnos; como si fuera una realidad fuera a la nuestra y mientras, según nosotros, lo conocemos más, es cuando lo perdemos más.
Por eso, es importante, vivir con la sorpresa de la fe, con la alegría de la esperanza y con la fuerza del amor. Hay que dejar a Dios ser Dios y permitirle actuar en nuestra vida, aceptar su proyecto y al final siempre nos sorprenderá, porque viviremos en la auténtica libertad.

domingo, 8 de julio de 2012

En su pueblo, en su familia o en su casa

Llegamos al XIV Domingo del Tiempo Ordinario (Mc 6, 1 – 6), el itinerario presenta una dificultad común y una tentación al desaliento.
“Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente”.
En la vida espiritual, muchas veces nos enfrentamos al dilema de Jesús, nadie es profeta en su pueblo, en su familia o en su casa. Las persecuciones al interior de los círculos más próximos se vuelven más feroces, porque se conoce a la perfección a la persona.
Es muy común escuchar las palabras del Evangelio, ¿de dónde saca todo esto? ¿Qué no vive entre nosotros? Duras palabras, pero ciertas, en muchas ocasiones se nos señala de ser candil de la calle y oscuridad de la casa. En otros ambientes somos reconocidos pero al ingresar a la casa es otra historia, debido a la incapacidad de reconocer lo bueno entre los propios.
El reto es claro, ayudar a los demás a no ser motivo de tropiezo, por el contrario, buscar el bien de todos los cercanos, logrando lo imposible, la caridad oculta. Cuando se logra vivir en ese ideal, no importará el ser o no reconocidos porque se sabe se trabaja por Cristo y es importante detenernos para pensar en ello.
La caridad oculta al interior del círculo cercano es lo más complicado para vivir, es un ideal muy alto, claro al estilo de Jesús. Lograr la armonía, la paz, la cohesión, pero lo más importante el amor.

sábado, 7 de julio de 2012

Ser uno mismo

En la presente entrega sobre la transformación, abordaremos el tema desde la perspectiva del proceso para llegar a ser uno mismo. Ese proceso es la vía permanente para lograr la transformación en nuestras vidas.
El punto de partida, radica en la voluntad de buscar el sentido a la vida, sustentado en el espíritu de transformación; el punto de llegada será la unión de opuestos en una sola persona, en el yo. Cuando se logra la unión armónica es cuando se puede hablar de ser uno mismo.
Los elementos constitutivos de mayor conflicto en el hombre se encuentran en el espíritu y el instinto. Pero cada uno requiere una forma de transformación en lo particular.
En el caso del instinto requiere transformar los arquetipos, es decir, el patrón cuyo ejemplo se toma para derivar ideas, objetos o conceptos. En esos modelos (arquetipos) es donde nuestros ritos y símbolos son elevados al plano consciente.
De ahí derivan muchas de las actitudes tomadas frente a la realidad, las cuales, hemos dejado de realizar de forma consciente por el nivel de automatización. Incluso, no sabemos el porqué reaccionamos de determinada forma ante cierto estímulo. Por ejemplo las fobias, filias, donde no comprendemos conscientemente el porqué sentimos atracción o repulsión hacia cierto aspecto.
La transformación consiste para el instinto, de identificar patrones para así lograr oponerlos frente al espíritu y ver si son convenientes para mi proceso. Con ello permitimos concientizar los sentimientos, lograr un balance entre el sentimiento y la razón; logrando un diálogo entre ellos.
Un camino seguro es aprender el valor de la introversión, porque también permite fluir al interior y así poder librarnos del peso del pasado. El instinto hace retornar a lo caminado, para tomar un referente, pero eso sólo anquilosa la forma de andar, porque es regresar a un patrón una y otra vez. El seguir con lo mismo, sólo logra estancarnos. Hay un dicho muy cierto, si quieres resultados diferentes, comienza realizando cosas diferentes.
Con ello, es posible cobrar vitalidad en la vida, dar pasos seguros a la transformación. Pero requiere un trabajo hacia el interior, para tirar los arquetipos con los cuales se ha vivido, para dar paso a una experiencia de vida plena.

miércoles, 4 de julio de 2012

Un toque de fantasía


Una de mis películas favoritas es Medianoche en París (Midnight in Paris) del gran cineasta Woody Allen, la cual nos permite recordar la importancia de tener en nuestra vida un toque de fantasía.

La cinta versa sobre una joven pareja de prometidos y la familia de la novia, quienes hacen un viaje a París, previo a la boda. Pero todo cambia cuando el protagonista pasea por el Barrio Latino en donde comienza lo increíble de la película, porque conocerá a sus ídolos y maestros quienes inspiraron su trabajo.

El largometraje ya no se encuentra en cartelera, pero es sencillo de conseguir. La cinta nos inspira a perseguir los sueños y a nunca darnos por vencidos. De las mejores piezas de Woody Allen.

lunes, 2 de julio de 2012

Una hora después

Llegó el día de las elecciones, la voluntad popular se expresó de una u otra forma en las urnas, se obtuvo un resultado; el cual en honor a la verdad, era esperado. Algunos tomando una actitud republicana reconocieron el resultado adverso, demostrando el compromiso con la democracia.
Pero no fue el caso de algunos contendientes y simpatizantes, porque una hora después comenzaron las descalificaciones, reclamos, burlas y mofas al proceso democrático. La falta de madurez se ha hecho presente y latente, al final, se recoge lo sembrado, el odio.
Para pretender vivir una democracia debe ser más que un simple voto, debe ser una actitud permanente de aceptar y tolerar las opiniones, puntos de vista y postulados del otro; estar abierto al diálogo y al debate de ideas. A no expresar estúpidamente, odio a tal, por el hecho de ser diferente a mí.
Pero ante todo ello, sólo podemos hacer una reflexión la cual nos puede servir para mejorar como país, pero en especial como persona. En una conferencia ofrecida por su servidor, retomaba un consejo dado por un gran amigo, el cual quiero retomar.
La reflexión versa sobre nuestras posturas frente a lo diferente, la primera, frente a lo diferente, busco destruirlo porque justo eso, es diferente a mí, que no quede nada de ello. La segunda postura, un poco más astuta, busco amoldarlo y manipularlo para hacerlo como yo. La tercera es la más congruente, ante lo diferente busco complementar mis limitaciones con la perspectiva del otro, así ambos nos enriquecemos, porque me di la oportunidad de conocer, dejar ser libre al otro.
En fin, son muchas las cosas para aprender, pero algo claro, nunca cerrarnos al encuentro del otro.

domingo, 1 de julio de 2012

¡Tócale!

Llegamos al XIII Domingo del Tiempo Ordinario (Mc 5, 21 – 43), Cristo quiere hacerse presente en nuestra vida, pero también quiere nuestra colaboración en el proceso.
“Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada". Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?". Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.
Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme". Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate". En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer”.
Conforme avanzamos en el Evangelio, vemos dimensiones y aspectos diferentes de Jesús, lo cuales nos cautivan, confortan, transforman, pero también apelan a nuestra forma de comportarnos y de vivir en coherencia.
En el pasaje anterior, nos identificamos con los actores del mismo, porque hemos experimentado cada uno de los sentimientos frente a las dificultades a las cuales estamos llamados a superar.
Jairo conocía la fama de Jesús, estaba desesperado, aún en contra de su propia condición por ser jefe de la sinagoga, pero no importaba, buscaba al dueño de la vida para realizar el milagro esperado.
Es así cuando busca desesperado a Jesús para pedirle fuera a ver a su hija. Ahí es dónde comprendemos el porqué experimentamos la desolación, porque nos hace falta fe. En ocasiones pensamos, equivocadamente, que Dios nos ha abandonado y no se hace presente en nuestra vida, pero Cristo nos demuestra nuestro error. El problema de raíz fue, la falta de fe.
En el trayecto, vemos a una mujer, cuya fe le bastaba para darse cuenta de su necesidad de estar con el Maestro. Tiene una grave aflicción, no había puesto su confianza en donde debiera, pero cuando se decide a hacerlo, encuentra la salvación y el milagro esperado.
La mujer se daba cuenta, bastaba con tocarlo, estar en su presencia, ni siquiera pedirlo, Jesús ya sabía, ahí demuestra su conocimiento a la perfección de cada uno de nosotros.
La respuesta ante la fe de la mujer fue curiosa, porque pregunta, ¿quién me ha tocado? Palabras llenas de amor, quisiera tratar de comprender por un momento el sentir de Jesús, porque ese encuentro le tocó su vida.
De ambos casos, vemos las reacciones humanas, la mujer se abalanzó a los pies agradecida, porque ha sido curada, no sólo físicamente, sino en todo su ser. De ese encuentro tendría la vida eterna.
Jairo seguía perplejo el milagro, mientras le llevaban la noticia de la muerte de su hija. En similares circunstancias cualquiera podría desmoronarse, pero no Jairo, incluso sus cercanos le insistían a dejar de molestar al Maestro, pero no lo hizo.
Ambas reacciones de fe, porque la hija de Jairo resucitó, el milagro se hizo porque confió más en el Maestro, abrió su corazón a la fe.
De todo ello, comprendemos la importancia de tocar con la fe a Cristo, ese es el mensaje de este domingo, toca a Cristo, ¡tócale! Así tu vida cambiará.