Aunque parezca una negación, es una afirmación. Es el sentir de las personas emprendedoras, seguras, firmes, dinámicas para las que el “no”, es una palabra ausente en su vocabulario. Para quienes la única forma de salir adelante es el trabajo arduo, cotidiano, honesto. Para quienes buscan construir y no destruir, dialogar y no confrontar. Para quienes han encontrado la verdadera libertad que sólo es posible si se vive con paz interior.
sábado, 10 de noviembre de 2012
martes, 6 de noviembre de 2012
domingo, 4 de noviembre de 2012
Escuchar…
Estamos a punto de culminar el ciclo litúrgico y de iniciar
otro, en el XXXI Domingo del Tiempo Ordinario (Mc 12, 28b – 34), Cristo nos
pide, escuchar.
“Un escriba
que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le
preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?". Jesús
respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el
único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu
alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas.
El segundo es:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que
estos". El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir
que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el
corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo
como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los
sacrificios".
Jesús, al ver
que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del
Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas”.
La vida de los hombres transcurre buscando certezas, caminos
y casi siempre desarrolla una fe de vista, es decir, de ver los planes de Dios
en su vida. Por eso, en el texto, el escriba, queriendo poner a Cristo a
prueba, para no perder su costumbre, le pregunta sobre el mayor de los
mandamientos.
El problema radica en la resistencia al cambio, porque del
ver, ahora será pasar al escuchar. Por eso Jesús comienza su respuesta con un
escucha Israel, para vivir tu fe, no esperes ver prodigios especiales de Dios,
escucha su voz dentro de ti para así realizar su proyecto.
Ahí está la clave para iniciar el caminar en la fe. Escuchar
la Palabra de Dios en la vida y ponerla en práctica. Ahí se encuentra el
sentido del caminar espiritual, como fue para el pueblo de Israel, el estar
atento a la Palabra, para así llegar a la Tierra Prometida y esperar al Mesías.
Cuando uno encuentra la disposición de escuchar es cuando es
capaz de experimentar el amor de Dios en nuestro corazón, pero no sólo experimentarlo
sino vivirlo, pero más allá, el predicarlo con nuestro testimonio de vida.
La relación de Dios se transforma, porque se da un verdadero
encuentro, con quien me ama por quien soy y no por lo que hago o dejo de hacer.
Al final del día el encuentro con el Señor será marcado por el amor, entonces
nuestra verdadera obligación a partir del encuentro con ese amor, es darlo a
los demás en la medida en la cual nos sentimos amados por Dios y sólo eso
basta.
Por eso dirán grandes santos, entre ellos San Agustín, “la
medida del amor es amar sin medida” y la Madre Teresa, “amar hasta que duela”.
viernes, 2 de noviembre de 2012
El ego, nuestro enemigo
Hace unos días me compartieron la siguiente guía para
superar el ego, nos gustaría compartirlo. El texto no es de nuestra autoría,
pero nos es de utilidad.
1- NO TE SIENTAS OFENDIDO.
La conducta de los demás no es razón para quedarte
inmovilizad@. Lo que te ofende sólo contribuye a debilitarte. Si buscas
ocasiones para sentirte ofendid@, las encontrarás cada dos por tres. Es tu ego
en plena acción, conviniéndote de que el mundo no debería ser como es. Puedes
convertirte en degustador/a de la vida y corresponderte con el Espíritu
universal de la Creación. No puedes alcanzar la fuerza de la Intención
sintiéndote ofendid@.
Por supuesto, actúa para erradicar los horrores del mundo,
que emanan de la identificación masiva con el ego, pero vive en paz.
Sentirse ofendid@ crea la misma energía destructiva que te
ofendió y que lleva al ataque, al contraataque y a la guerra.
2- LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE GANAR.
Al ego le encanta dividirnos entre ganadores y perdedores.
Empeñarte en ganar es un método infalible para evitar el
contacto consciente con la Intención. Es imposible ganar todo el tiempo.
Siempre habrá alguien más rápid@, más joven, más fuerte y con más suerte que
tú, y volverás a sentirte insignificante. Tú no eres tus victorias. No existen
perdedores en un mundo en el que tod@s compartimos la misma Fuente de energía.
Olvídate de la necesidad de ganar no aceptando que lo opuesto de ganar es
perder.
Ese es el miedo del ego. Si tu cuerpo no rinde para ganar
ese día, sencillamente no importa, si no te identificas exclusivamente con tu
ego. Adopta el papel de observador, mira y disfrútalo todo sin necesitar ganar
un trofeo. Vive en paz, correspóndete con la energía de la Intención e,
irónicamente, aunque apenas lo notes, en tu vida surgirán más victorias a
medida que dejes de ir tras de ellas.
3- LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE TENER RAZÓN.
El ego es fuente de conflictos porque te empuja a hacer que
los demás se equivoquen. Cuando eres hostil, te has desconectado de la fuerza
de la Intención. El Espíritu creativo es bondadoso, cariñoso y receptivo, y
está libre de ira, resentimiento y amargura.
Olvidarse de la necesidad de tener siempre razón en las
discusiones y las relaciones es como decirle al ego: "No soy tu
esclav@". Te propongo que te olvides de esta necesidad impulsada por el
ego parándote en medio de una discusión para preguntarte: ¿Que quiero? ¿Ser
feliz o tener razón?. Cuando eliges el modo feliz, cariñoso y espiritual, se
fortalece tu conexión con la Intención.
4.- LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE SER SUPERIOR.
La verdadera nobleza no tiene nada que ver con ser mejor que
los demás. Se trata de ser mejor de lo que eras antes. Céntrate en tu
crecimiento, con constante conciencia de que no hay nadie mejor que nadie en
este planeta. Todos emanamos de la misma fuerza vital. Todos tenemos la misión
de cumplir y tenemos cuanto necesitamos para cumplir ese destino. Nada de esto
es posible cuando te consideras superior a los demás. No valores a l@s demás
basándote en su aspecto, sus logros, posesiones y otros parámetros impuestos
por el ego. Cuando proyectas sentimientos de superioridad, eso es lo que te
devuelven, y te lleva al resentimiento y en última instancia a sentimientos de
hostilidad.
5- LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE TENER MÁS.
El mantra del ego es "más". Por mucho que logres o
adquieras, tu ego insistirá en que no es suficiente. Te verás luchando
continuamente y eliminarás la posibilidad de alcanzar la meta, pero en realidad
ya la has alcanzado, y es asunto tuyo decidir cómo utilizar el momento presente
de tu vida. Irónicamente, cuando dejas de necesitar más, parece como si te
llegara más de lo que deseas. Cuando estas desapegad@ de esa necesidad, te das
cuenta de lo poco que necesitas para sentirte satisfech@ y en paz.
Creas, atraes lo que deseas hacia ti y te desligas; sin
exigir que se te presente nada más. Si valoras todo lo que surge, aprendes la
gran lección que nos dio San Francisco de Asís: ... es al dar, cuando
recibimos. Al permitir que la abundancia fluya hasta ti y a través de ti,
estableces correspondencia con la Fuente y aseguras que esa energía siga
fluyendo.
6- LIBÉRATE DE LA NECESIDAD DE IDENTIFICARTE CON TUS LOGROS.
Puede resultar un concepto difícil si piensas que tú y tus
logros son lo mismo. Eres el observador. Fíjate en todo y agradece las
capacidades que te han sido concedidas, la motivación para lograr cosas y las
cosas que has acumulado, pero atribúyele todo el mérito a la fuerza de la
Intención que te dio la existencia y de la que formas parte materializada.
Cuanto menos necesites atribuirte el mérito de tus logros, más conectad@
estarás con las siete caras de la Intención, más libre serás de conseguir
cosas, que te surgirán con más frecuencia. Cuando te apegas a esos logros y
crees que lo estas consiguiendo tú sol@, es cuando abandonas la paz y la
gratitud de tu Fuente.
lunes, 29 de octubre de 2012
domingo, 28 de octubre de 2012
Que pueda ver
Retomamos nuestro compartir de los Domingos del Tiempo
Ordinario, hemos llegado al XXX (Mc 10, 46 – 52)
“Después llegaron
a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una
gran multitud, el hijo de Timeo - Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado
junto al camino.
Al enterarse
de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de
David, ten piedad de mí!". Muchos lo reprendían para que se callara, pero
él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!".
Jesús se
detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le dijeron:
"¡Animo, levántate! El te llama". Y el ciego, arrojando su manto, se
puso de pie de un salto y fue hacia él.
Jesús le
preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". Él le respondió:
"Maestro, que yo pueda ver". Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha
salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino”.
Nuestro caminar en la vida, se torna muchas veces complicado
porque buscamos hacer las cosas a nuestra forma, a nuestro estilo y también a
nuestro parecer. Nos alejamos de la luz y es cuando comenzamos a perder el
rumbo por nuestra ceguera.
Cada vez es más común el perder el sentido de la verdadera
fe, para dar paso a una expresión de religiosidad donde lo único importante es
cumplir por cumplir, entonces ahora somos ciegos en la fe.
Es ahí cuando experimentamos la desolación y nos sentimos perdidos,
desorientados, abandonados y nuestra única reacción es gritar a Jesús. Cuando
experimentamos ese sentido de abandono, regresamos a lo único coherente, a
quien nos da sentido y quien nos refrenda su amor.
Jesús no se cansa de llamarnos, nos brinda esperanza y amor,
nos renueva la fe, por eso nos dice, ¿qué quieres que haga por ti? El en pasaje
evangélico, Bartimeo pidió ver, Jesús se lo concede.
Hoy es un buen día para pedirle a Jesús como Bartimeo, el
poder ver, la apertura del entendimiento a las realidades del proyecto de Dios
en nuestra vida, el poder vislumbrarlo, pero a la vez, el poder abrazarlo.
Pidamos el poder ver, para aumentar nuestra fe, para
percibir la mano de Dios en nuestra vida, pero para poder ser conscientes del
encuentro de amor entre cada uno y Dios.
Abrámonos al misterio de amor de Dios, partiendo de los ojos
de la fe, para poder ver su paso en nuestra vida.
martes, 23 de octubre de 2012
jueves, 11 de octubre de 2012
lunes, 8 de octubre de 2012
sábado, 6 de octubre de 2012
Diálogos por la paz en México
En los pasados días tres y cuatro de octubre, se llevó a
cabo en el Centro Cultural Universitario de la UNAM, un encuentro llamado “Diálogos
por la paz en México”, el cual fue organizado por la Conferencia del Episcopado
Mexicano a través de la Dimensión de Cultura y otras organizaciones y casas de
estudio.
Los temas tratados nos permitieron comprender aspectos
soslayados en la realidad mexicana, ¿Cómo se percibe el dolor frente a la
realidad del país? ¿Cómo pasar de las palabras a la acción?
En ese tenor, los dos días de encuentro nos invitaron a la
reflexión, pero sobre todo a comprender la importancia de no perder de vista el
peligro de perder la humanidad; porque se está privilegiando un pragmatismo, el
cual sólo busca el resultado sin tomar en cuenta los medios, pero por desgracia
en nuestro país no se han dado los resultados y se han pisoteado los derechos
humanos de muchas personas inocentes.
Pero cómo se enfrenta al dolor, ¿cómo podemos superarlo? La
fe es la respuesta de nosotros los creyentes, porque eso nos obliga a nunca
perder la esperanza en el futuro, en el porvenir. Para los no creyentes se
habla de reestructurar el tejido social sobre la base de una ética en común,
privilegiando el conocimiento de la verdad y partiendo de ella.
El problema actual de la inseguridad, no sólo es la mala
estrategia, es el perder de vista el punto de los “daños colaterales” y de lo
sagrado de la vida. Es un hecho que se debe combatir el crimen, pero hay muchas
vías, no se justifica el sufrimiento y menos la violencia. Hay medidas como
económicas o sociales, estas buscan ir a la raíz del problema, pero son a largo
plazo y por eso no son populares entre la clase política.
El reto es buscar una pedagogía para la paz sustentada en
una capacidad de diálogo. Pero con miras a buscar los caminos para la acción,
no vasca con el decir, sino el hacer.
Pero ahora cómo empezar es la cuestión. El punto de partida
será el papel del Estado, Burke dice que no hay nada más injusto y opresor que
un gobierno débil, ello porque permite el abuso.
¿Tendremos entonces esperanza para el futuro? Claro, porque
una sociedad sin esperanza está condenada a morir. Esperamos la pronta solución
de la situación actual para volver a una sociedad humanista.
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