En los pasados días tres y cuatro de octubre, se llevó a
cabo en el Centro Cultural Universitario de la UNAM, un encuentro llamado “Diálogos
por la paz en México”, el cual fue organizado por la Conferencia del Episcopado
Mexicano a través de la Dimensión de Cultura y otras organizaciones y casas de
estudio.
Los temas tratados nos permitieron comprender aspectos
soslayados en la realidad mexicana, ¿Cómo se percibe el dolor frente a la
realidad del país? ¿Cómo pasar de las palabras a la acción?
En ese tenor, los dos días de encuentro nos invitaron a la
reflexión, pero sobre todo a comprender la importancia de no perder de vista el
peligro de perder la humanidad; porque se está privilegiando un pragmatismo, el
cual sólo busca el resultado sin tomar en cuenta los medios, pero por desgracia
en nuestro país no se han dado los resultados y se han pisoteado los derechos
humanos de muchas personas inocentes.
Pero cómo se enfrenta al dolor, ¿cómo podemos superarlo? La
fe es la respuesta de nosotros los creyentes, porque eso nos obliga a nunca
perder la esperanza en el futuro, en el porvenir. Para los no creyentes se
habla de reestructurar el tejido social sobre la base de una ética en común,
privilegiando el conocimiento de la verdad y partiendo de ella.
El problema actual de la inseguridad, no sólo es la mala
estrategia, es el perder de vista el punto de los “daños colaterales” y de lo
sagrado de la vida. Es un hecho que se debe combatir el crimen, pero hay muchas
vías, no se justifica el sufrimiento y menos la violencia. Hay medidas como
económicas o sociales, estas buscan ir a la raíz del problema, pero son a largo
plazo y por eso no son populares entre la clase política.
El reto es buscar una pedagogía para la paz sustentada en
una capacidad de diálogo. Pero con miras a buscar los caminos para la acción,
no vasca con el decir, sino el hacer.
Pero ahora cómo empezar es la cuestión. El punto de partida
será el papel del Estado, Burke dice que no hay nada más injusto y opresor que
un gobierno débil, ello porque permite el abuso.
¿Tendremos entonces esperanza para el futuro? Claro, porque
una sociedad sin esperanza está condenada a morir. Esperamos la pronta solución
de la situación actual para volver a una sociedad humanista.
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