domingo, 6 de abril de 2014

Retiro del 24 de marzo en la Rectoría San José



¡Venga Tu Reino!

Adolfo Ruiz Guzmán
24 de marzo de 2014
Retiro
Rectoría San José
La Cuaresma Transfigurante

Introducción

Agradezco mucho la invitación del P. Felipe, pastor de esta Rectoria San José, para poder encontrarnos en este pequeño compartir que tenemos la oportunidad de tener a medio camino de la Cuaresma.

A estas alturas el caminar nos ha llevado a reflexionar sobre cómo quiero vivir y orientar mi vida de cara a la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor pero cómo me ha transfigurado, es decir, cómo ha tocado mi vida ese encuentro.

Por ello, el tema de nuestro pequeño retiro, la Cuaresma Transfigurante, porque de la vivencia de nuestra Cuaresma, dependerá que lleguemos a la Pascua con Cristo.

Vamos a comenzar nuestro pequeño retiro, quiero que se sientan en confianza, en libertad, pero lo más importante, que se dejen tocar por el Señor, no por las pobres palabras de su servidor, sino que sea el mismo Cristo quién abra su corazón para aprovechar este encuentro.

Brevemente, les comento nuestro esquema de trabajo. Tendremos ahora un momento de oración intensa, donde meditáremos un texto del Evangelio, les brindaré algunos puntos para la reflexión personal y una vez terminado este momento tendremos un poco de tiempo libre para continuar con una pequeña charla.

Si les parece bien, vamos a iniciar y les pediré que pongan su mente en blanco, si les ayuda, utilicen algún método de respiración para poder relajarse y que todo aquello que les preocupa, les inquieta, se quede fuera, porque ahora será un momento de intimidad entre mi Creador y yo, su creatura. Se podrá caer el mundo, pero no importa porque estoy con Él.
Calentamiento previo

Siempre es importante, realizar un pequeño ejercicio de calentamiento, para no entrar en frío, les propongo una oración de San Ignacio de Loyola que por obvias razones los jesuitas recitan previo a tener su meditación. La diré despacio para poder saborearla y hacerla nuestra.

Señor, de verdad deseo prepararme bien para
este momento, deseo profundamente que todo mi
ser esté atento y dispuesto para Ti.
Ayúdame a clarificar mis intenciones.
Tengo tantos deseos contradictorios...
Me preocupo por cosas que ni importan ni son
duraderas. Pero sé que si te entrego mi corazón
haga lo que haga seguiré a mi nuevo corazón.
En todo lo que hoy soy, en todo lo que intente
hacer, en mis encuentros, reflexiones, incluso
en las frustraciones y fallos
y sobre todo en este rato de oración,
en todo ello, haz que ponga mi vida en tus manos.

Señor, soy todo tuyo. Haz de mí lo que Tú quieras.
Amén.     
Texto Evangélico

Una vez dados los ejercicios de calentamiento, dispongámonos a meditar el texto Evangélico (Jn 6, 1 15).

Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: “¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos? Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.

Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?

Dijo Jesús: Haced que se recueste la gente. Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos 5.000. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda. Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

Al ver la gente la señal que había realizado, decía: Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.
Jesús no se cansa de retarnos

Siempre es importante que nos situemos en la escena evangélica para poder contextualizar los elementos principales y cosas que no alcanzamos a percibir. Tuve hace muchos años la oportunidad de ir a ese lugar a orillas del Lago de Tiberíades, y experimentar la necesidad de Dios.

Tomemos un momento para meditar cuántas veces hemos tenido esa necesidad tan grande de encontrar respuestas a tantas y tantas interrogantes que tenemos en nuestra vida, pero también cuando nos hemos sentido sin esperanza o que estamos en un callejón sin salida.

Por eso la gente quería acercarse al Señor como relata el pasaje evangélico. Jesús se compadece y se hace cercano, pero además nos regala el poder contemplar señales prodigiosas para que para nosotros, hombres incrédulos le creamos.

Ese encuentro no puede quedar esteril, está llamado a dar más porque Jesús no se cansa de retarnos y no lo hará. Por eso si recordamos el pasaje del Evangelio, le pregunta a Felipe, “¿dónde vamos a comprar panes para que coman éstos? Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco.

La respuesta de uno de los apóstoles, refleja la falta de confianza que tenemos en el Señor, justo ya había visto algunos de los milagros que había realizado Cristo, pero aun así la respuesta devasta al Señor. Doscientos denarios de pan no bastan

Qué gran ocasión es la Cuaresma, para poder ir de la mano con el Señor para realizar un profundo análisis de nuestra vivencia de fe. La fe no es sencilla vivirla, transmitirla o experimentarla, requiere años y años de preparación, de meditación, pero lo más importante de confianza. La respuesta del hombre a Dios dependerá de la fe que tengamos en Él.
Cinco panes y dos peces

La respuesta de Andrés fue totalmente diferente, fue de confianza en el Señor, pero conociendo las limitaciones humanas. Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes y dos peces.
Es todo lo que tengo, es toda mi humanidad, pero lo pongo a tu disposición para que tú seas quien sea capaz de transformarlo, pero lo más importante, que lo transfigure. Cuando dejamos a Dios actuar en nuestras vidas es posible que a través nuestro obre milagros.

El texto es muy preciso, habla que había más de 5,000 personas, a todos y cada uno de ellos Jesús les sació su hambre, no sólo física, sino espiritual, que es más fuerte incluso que la física.
Para que no se pierda nada

El texto cierra con una frase que siempre me ha dejado pensando, que me invita a la reflexión: Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda. Después del milagro que hizo Jesús, cuando alimentó a 5,000 personas, con pescado y pan, todavía tuvo el detalle de recoger todos los trozos sobrantes, pero en especial para que nada se pierda.

El texto continúa los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. El chico del texto puso todo lo que tenía para que el Hijo de Dios, Dios mismo pudiera obrar el milagro.

Dios aún con su plenipotencia,  requiere de nosotros, necesita nuestra ayuda para poder obrar sus milagros, para poder llevar a otros la buena nueva, quiere que le demos nuestros cinco panes y dos peces y Él se encargará de todo.

Por ello, requerimos salir transfigurados de la Cuaresma, para vivir la Pascua eterna.

domingo, 9 de marzo de 2014

Una respuesta de amor

Como cada año, el Ciclo Litúrgico nos presenta la gran oportunidad de convertirnos, de regresar al Padre, por ello en el Primero Domingo de Cuaresma (Mt 4, 1 – 11) Cristo quiere una respuesta de amor.

“Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes". Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra". Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme". Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto". Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo”.
Los dos primeros Domingos de Cuaresma nos llaman a vivir actitudes prácticas para lograr la conversión, pero más aún, nos dan las claves para comprender el sentido del centro de la auténtica conversión, las cuales se deben traducir en una respuesta de amor.

La liturgia acomodó para el Primero Domingo de Cuaresma los textos donde contemplamos las tentaciones de Jesús en el desierto, pero lo hizo para demostrarnos la victoria de Jesús sobre las tentaciones y siendo verdadero hombre nos da las claves para ello.

El pecado, al final del día, es una falta al amor de Dios, por una acción, pensamiento u omisión. El pecado es por tanto, una actitud egoísta que me presentó como bien distorsionado un mal. Pero el hecho no es sentir o sufrir tentaciones, el problema es consentirlas e incluso buscarlas. En el pasaje vemos las tentaciones típicas del hombre, el materialismo, la autosuficiencia y el poder.

El materialismo nos sumerge en una carrera sin sentido para buscar el tener, olvidando el ser. Cuantificamos la valía de las personas por lo que tienen y no por lo que son. No es malo el tener, pero dando un valor adecuado a las posesiones materiales y no busca acumular de forma avariciosa.

La autosuficiencia es pensar que no necesitamos de los demás y por soberbia nos sentimos superiores a los demás al grado de menospreciarlos, e incluso humillarles. No es malo el tener confianza en uno mismo, pero recordar maduramente que no todo lo podemos, y que mientras más seamos hombres y mujeres de encuentro, más felices seremos.

Y por supuesto, el poder, el anhelo más profundo del hombre es el sentirse importante, reconocido y valorado, pero si no tengo los pies en la tierra, me convierto en presa de mi propio ego. Incluso hombres quienes bien intencionados buscan esparcir la buena nueva se convierten en monumentos a su propio ego y estorban en la misión, porque cayeron en la tentación de predicarse a sí mismos en vez de Dios.

Por tanto, la mejor forma de vencer a esas típicas tentaciones es la forma más antigua, la que Jesús nos mostró, el amor. Cuando amo, el materialismo no tiene cabida, porque por amor soy compartido, amo el ser más que el tener. Cuando amo, me doy cuenta que mi verdadera felicidad está en la complementariedad. Y cuando amo, el único poder que tiene cabida es el poder del amor, el cual es transformador y restaurador.

Jesús sólo quiere una respuesta de amor, porque así como con él, saldremos victoriosos de cada tentación y batalla que nos presente el maligno, porque confiaremos más en Dios y su misericordia que en nuestras propias fuerzas.

domingo, 2 de marzo de 2014

Cada día

Nos encontramos en el VIII Domingo del Tiempo Ordinario (Mt 6, 24 – 34), el último de este periodo previo a la Cuaresma.

“Jesús dijo a sus discípulos: Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.
Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción”.

Cada día tenemos diversas preocupaciones las cuales muchas veces hacen que perdamos la calma, el sueño o la paz. Las adversidades llegan cada día y nos agobiamos demasiado, pero el Señor nos quiere recordar, sobre la confianza en Él.

Es cierto, la paz interior nos la roban cuando queremos servir a dos señores, es imposible, el ser humano no es capaz de hacerlo, acaba odiando a uno y al otro lo amara, o quedará bien con uno pero con el otro no. Así sucede, ponemos nuestro corazón en las cosas de Dios o de los hombres. En mi limitada experiencia he descubierto que es mejor confiar en Dios y en su providencia, podré desesperarme, gritar, enojarme, pero sólo Dios sabe cuándo son los mejores tiempos y cómo responderá a mis plegarias.

Casi siempre las preocupaciones vienen relacionadas con situaciones económicas, porque estamos al pendiente de muchas obligaciones, también nos lamentamos porque nuestro esfuerzo no viene remunerado de la forma en la cual esperábamos o a lo mejor no han cumplido con los acuerdos establecidos o entablados en el ámbito laboral. Tantas injusticias, tantas decepciones, pues bien, así es el hombre, pero eso no significa que llegue un momento y otro la justicia divina donde establecerá las cosas y como dicen, las cosas caerán por su propio peso.

Por tanto, el llamado de este domingo de Jesucristo es a poner los ojos en Él, en su providencia y a aprender a vivir en el aquí y ahora, cada día representa sus retos, para qué preocuparme por lo que no ha pasado, mejor ocuparme.