Aunque parezca una negación, es una afirmación. Es el sentir de las personas emprendedoras, seguras, firmes, dinámicas para las que el “no”, es una palabra ausente en su vocabulario. Para quienes la única forma de salir adelante es el trabajo arduo, cotidiano, honesto. Para quienes buscan construir y no destruir, dialogar y no confrontar. Para quienes han encontrado la verdadera libertad que sólo es posible si se vive con paz interior.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
martes, 10 de septiembre de 2013
lunes, 9 de septiembre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
Calcular los gastos
Llegamos al XXIII Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 14, 25 –
33), el Evangelio nos recuerda el secreto para ser felices, vivir nuestra vida
con Cristo al centro.
“Junto con
Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: "Cualquiera que
venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus
hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi
discípulo.
El que no
carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. ¿Quién de ustedes, si
quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver
si tiene con qué terminarla? No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda
acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 'Este comenzó a
edificar y no pudo terminar'.
¿Y qué rey,
cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez
mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? Por el
contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para
negociar la paz. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a
todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”.
Hoy el ritmo de vida nos impone siempre calcular los gastos,
no sólo de dinero, sino de esfuerzo, de compromiso, de metas, de
responsabilidad, incluso en el amor. Las generaciones pasan y traen en su mente
ciertas realidades, hoy los “millennials” hemos tomado las riendas, pero
queremos incluso calcular los gastos del seguimiento de Cristo.
En esta época se viven grandes batallas al interior de los
corazones de las personas, porque el seguimiento de Cristo es un proyecto muy
demandante, muy exigente y requiere una entrega total.
El proyecto requiere de un amor total, de renuncia, de generosidad,
pero lo más importante, si sé amar a Dios, el amor tendrá un efecto cascada,
porque del amor más puro y perfecto, se podrá amar a todo quien se acerque a
nuestra vida como amamos a Dios.
En este Evangelio, se nos pide calcular los riesgos, pero no
para ser poquitero o porque andamos viendo si le entramos o no, sino porque una
vez dentro del proyecto y del seguimiento de Cristo no hay marcha atrás, el
único camino es avanzar sin dar un paso atrás.
Como dice San Agustín, la medida del amor es amar sin
medida. Esa es la verdadera ponderación para calcular los riesgos, ¿eres capaz
de amar así? Entonces toma tu cruz y síguelo, el sentir de vivir de esa manera
será un verdadero cambio en el mundo, en tu entorno. El seguimiento de Cristo
necesariamente trae la paz, así podremos convertirnos en discípulos,
misioneros.
martes, 3 de septiembre de 2013
lunes, 2 de septiembre de 2013
Cierre financiero del dos de septiembre de 2013
Estimados lectores, a partir del presente lunes estaré compartiendo el Cierre Financiero a través de la agencia Al Momento y por supuesto en ¡No, cómo no!
domingo, 1 de septiembre de 2013
La humildad es la verdad
El XXII Domingo Ordinario (Lc
14, 1. 7 – 14) Cristo nos invita a recordar la humildad.
“Un sábado,
Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo
observaban atentamente.
Y al notar
cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: "Si
te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque
puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y
cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: 'Déjale el
sitio', y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario,
cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando
llegue el que te invitó, te diga: 'Amigo, acércate más', y así quedarás bien delante
de todos los invitados. Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se
humilla será ensalzado".
Después dijo al
que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a
tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no
sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario,
cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos,
a los ciegos.
¡Feliz de ti,
porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la
resurrección de los justos!”.
Jesús siempre está buscando la forma de ofrecernos el camino
para la verdadera felicidad, ese camino necesariamente pasa por la humildad.
Una persona humilde es aquella quien sabe perfectamente quién es, hacia dónde
va y siempre se deja llevar por su potencial.
En la parábola del texto, podemos sentirnos identificados en
muchos aspectos de nuestra vida, porque pudiéramos experimentar esa sensación
de siempre tratar de ser los principales, los más importantes, quienes siempre
ocuparán los primeros lugares y ser el centro de atención. La realidad no es
así, no es feliz quien siempre busca destacar a costa de todo, incluso de su
propia integridad o de su alma.
La humildad es la verdad, no más, no menos, simplemente es
lo que es. La humildad te permite mantener los pies plantados en la tierra,
aceptando las cosas como son, conociéndote lo mejor posible y conociendo tus
limitaciones pero también todas tus capacidades para así, explotarlas en
beneficio de los demás.
Cuando descubres la grandeza del servicio, aprenderás a
vivir de una nueva forma, ya no te interesará estar en los primeros lugares,
sino vivirás en la libertad de saber quién eres, tu valía y lo más importante,
no dependerás del otro.
Por eso el texto invitará a dar todo aquellos quienes no
tienen la forma en la cual corresponder. Por eso siempre dar sin esperar nada,
dar sin reclamar derechos futuros, ser generoso porque te brotará del corazón.
Si das por cosechar algo, entonces mejor no lo hagas, porque la gratitud de esa
inversión se pagará en algún momento pero no será de corazón.
Feliz serás entonces cuando abras tu corazón al otro sin esperar
nada a cambio, como es el amor de Dios, gratuito y sin condición.
domingo, 25 de agosto de 2013
Congruencia
Nuestro caminar nos permite avanzar junto con el Ciclo
Litúrgico, cada domingo compartimos nuestra experiencia de fe, hoy Cristo nos
hace un reclamo de congruencia en el XXI Domingo del Tiempo Ordinario (Lc 13,
22 – 30).
“Jesús iba
enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una
persona le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se
salvan?". El respondió: "Traten de entrar por la puerta estrecha,
porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.
En cuanto el
dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán
a golpear la puerta, diciendo: 'Señor, ábrenos'. Y él les responderá: 'No sé de
dónde son ustedes'.
Entonces
comenzarán a decir: 'Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras
plazas'. Pero él les dirá: 'No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos
los que hacen el mal!'.
Allí habrá
llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a
todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera.
Y vendrán
muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el
banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los
primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos”.
El mayor anhelo de nuestro corazón, por más profundo, por
más enterrado es la salvación. Si bien muchos actuamos como si no pensáramos en
ella, nuestro corazón siempre la busca. Por eso, preguntamos a Jesús sobre la
salvación.
La respuesta en el pasaje evangélico es muy dura, es incluso
terrible, porque Jesús dice, “la puerta es estrecha”. Ello nos puede llevar a
dos actitudes, a la desesperanza o por el contrario, a tomar conciencia de
tomar por fin las riendas de nuestra vida, ser dignos de vivir, pero no sólo
ello, sino hacerlo de cara a Dios.
Por eso hoy nos hace un llamado a la congruencia, podemos
parecer a los ojos del mundo como unos tipazos pero Cristo no vive dentro de
nosotros, cuando toquemos a la puerta nos dirá no los conozco. Pero si yo hice
obras de caridad y daba aquello que me sobra, pero me responderá, no sé quién
eres.
Lo peor será cuando pensábamos obrábamos bien, nos separará
y nos dirá, apártate de mí, porque no me predicaste a mí, sino a ti. Todo
aquello que pensabas lo hacías por mí, fue en verdad por ti. Todas tus obras “buenas”
era porque querías lucirte, adornarte, por reconocimiento.
La congruencia de fe nos lleva a vivir en una verdadera
humildad, para aceptar el proyecto de Jesús en nuestras vidas, así nos damos
cuenta sobre el origen de nuestras obras, de nuestro futuro, es Dios quien
busca actuar a través nuestro.
La humildad nos permite acordarnos, cuando más pequeños
somos, más cerca de Dios estamos, cuando a los ojos del mundo parecemos débiles
somos más fuertes. Cuando el mundo nos toma por derrotados es cuando hemos
vencido al mundo. Así podremos ingresar por la puerta estrecha, por la cual entran
aquellos quienes a los ojos del mundo son pequeños, pero en el corazón de Dios
son gigantes.
sábado, 24 de agosto de 2013
Y volví al lugar
En la vida hay necesidad de regresar sobre los pasos para poder
cerrar heridas y así volví al lugar donde todo comenzó, donde te encontré y te
conocí. Lo curioso es darte cuenta de varias cosas, el lugar sigue igual, pero
quien cambió fui yo.
Y volví al lugar con la esperanza de encontrar respuestas a
preguntas inexistentes, porque mis cuestiones eran las equivocadas. Pero sí
encontré una respuesta, no era el lugar para haber comenzado.
Y volví al lugar con una gran fe, de obtener una certeza, de
buscar una verdad, pero una verdad no se puede sustentar en una mentira, en una
quimera o en el entorno donde todo comenzó.
Lo curioso es comprender el hecho, si bien todo estaba
igual, cada lugar representaba un fantasma lejano, pero un recuerdo indeleble,
una experiencia más allá de lo sensorial.
El lugar no cambió es una realidad, yo sí, pero en el fondo
el lugar se transformó porque respiraba un ambiente lleno de nostalgia, un
espíritu de vivencias pasadas, una neblina del pasado.
Volví cierto, sobre mis pasos, buscándote, esperándote, pero
por fin comprendí no volverás y el pasado sólo representa un lastre. Aprendí a
vivir el instante e impulsar para aprender ya de una vez a vivir sin tu
fantasma siempre presente.
Y volví al lugar con un gran anhelo, reencontrarte para así
no dejarte escapar, pero a quien realmente encontré fue a mí mismo.
martes, 20 de agosto de 2013
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
